martes, 3 de septiembre de 2013

Ni Colorín ni Colorado. El desgarrador poema del afamado Mario Benedetti que refleja a los bebés robados en las dictaduras de América Latina

Por Oscar Reyes P.

En 1976, dos niños uruguayos fueron secuestrados junto a sus padres en Buenos Aires por militares argentinos. Los padres de Anatole y Eva Lucía (foto reciente) de dos y cuatro años, fueron asesinados:

Roger Julian (el papá) en el mismo operativo represivo y Victoria Grisonas, (la mamá) en un lugar de exterminio en Buenos Aires.
Ambos niños quedaron huérfanos.

Por ese brutal "intercambio" de bebés robados de las dictaduras del cono Sur de América, los pequeños Anatole y Eva, llegaron a Chile. A Valparaíso.

A vivir a la casa de un marino o militar, cuya esposa no podía tener hijos.

Pero la mujer  del uniformado -aún desconocida- no los quiso adoptar en forma irregular, porque "estaban muy crecidos" y los botaron y abandonaron en una plaza de Valparaíso. Un auto con los vidrios polarizados los dejó en la Plaza O´Higgins del puerto.

Luego de deambular en plena dictadura por centros de menores, ambos niños fueron adoptados en forma legal y normal por un médico y su esposa que no tenían relación con la dictadura chilena.

Anatole hoy es abogado y fiscal en la Quinta Región y su hermana, Eva es sicóloga.

Ambos, en Uruguay y Argentina son personas de renombre. Sus abuelas los encontraron y les pidieron volver a Uruguay. Pero ellos decidieron seguir en Chile y vivir en nuestro país.

El afamado poeta Mario Benedetti les dedicó esta poema. Se llama "ni Colorín ni Colorado":

Fue en Valparaíso donde reaparecieron
en pleno año internacional del niño
por fin sanos y salvos
con escasa y suficiente memoria

Eva Lucía y Anatole
niños del siglo veinte
habían mediado las naciones unidas
y fotógrafos, embajadas, arzobispos
y una vez confirmadas las identidades
y obtenido el aval indispensable
de burócratas y estados mayores
desde Montevideo fue a buscarlos la abuela
y es posible que todo vuelva a su cauce

pero ni colorín ni colorado
el cuento no se ha acabado

Valparaíso de terremotos y escaleras
donde cada escalón es una casa en ascuas
Valparaíso de marineros y mercados
y costas de agua helada y transparente
había acogido a Anatole y Eva Lucía
cuando en diciembre del setenta y seis
aparecieron en la plaza O´Higgins
a la deriva y tomados de la mano

Valparaíso de acordeones y tabernas
y olor inconfundible a sal y muelles
con un mar que complica los adioses
pero se encrespa con las bienvenidas
la ciudad de las proas les dio pan y cobijo
y también una esponja con la ardua misión
de borrar los poquísimos recuerdos

pero ni colorín ni colorado
el cuento no se ha acabado

Anatole sí recuerda a la madre caída
no ha olvidado aquella sangre única
ni al padre escondiéndolos en la bañera
para salvarlos del oprobio y los tiros

pero ni colorín ni colorado
el cuento no se ha acabado

lo cierto es que Montevideo y Valparaíso
tienen más de un atributo en común
digamos la bruma y la nostalgia de los puertos
y esta oscura piedad en homenaje
al pobre año internacional del niño
que dentro de unos meses se termina

así pues no sería de extrañar
que antes de que culminen las celebraciones
y a fin de que la lástima sea simétrica
aparecieran en la plaza Zabala
o en villa dolores o en el prado
dos pequeños chilenos desgajados del mundo
y por fotógrafos, embajadas, arzobispos
comprobadas las identidades y obtenido
el aval de burócratas y estados mayores
viniera a recogerlos algún abuelo
a fin de reintegrarlos a su Valparaíso
que seguramente los habría de esperar
sin primavera sin canciones sin padres

pero ni colorín ni colorado
el cuento no se ha acabado.


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