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jueves, 2 de octubre de 2014

Declaración final: ENCUENTRO LATINOAMERICANO PROGRESISTA 2014


Los líderes de las 35 organizaciones políticas de izquierda y progresistas de más de 20 países de América y Europa, clausuraron el martes 30 de septiembre, el Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP), en la Plaza San Francisco de Quito. El evento coincidió con el cuarto aniversario del intento de golpe de Estado ocurrido en el 2010.

El encuentro internacional se cerró con la lectura de la “Declaración por la Segunda Emancipación Latinoamericana”, documento que consta de 26 puntos, el cual ratifica respaldos a la Revolución Bolivariana de Venezuela, a Cuba por el bloque estadounidense, a Argentina por su conflicto con los "fondos buitres" y a Puerto Rico en su deseo de independencia de Estados Unidos.

Mas información: ELAP 2014



viernes, 2 de agosto de 2013

Las operaciones secretas de la CIA en Chile y el golpe del 73

A partir del análisis de más de mil documentos desclasificados, “La CIA en Chile” (Ediciones Aguilar) reconstruye la historia de la agencia de inteligencia norteamericana en Chile desde los años ’40 hasta 1992. En sus páginas cuenta la visión que el organismo tenía de Allende y de Pinochet y su trabajo hacia la KGB en Chile. También relata cómo el organismo infiltró al MIR y al FPMR. Acá adelantamos el capítulo 7, “El mundo de Allende”.
Más allá de los lugares comunes y los adjetivos que habitualmente se utilizan en estos temas, el libro “La CIA en Chile” (Aguilar, 2013) del periodista Carlos Basso, intenta escudriñar sobre algunas realidades que han permanecido dormidas en los archivos desclasificados por Estados Unidos, especialmente en lo relativo a las actuaciones de su principal agencia de inteligencia en nuestro país no sólo entre 1970 y 1973 (que es la principal “trama” del libro), sino desde mucho antes.
Ello obedece a que los avatares en Chile de los organismos predecesores de la CIA (que fue fundada en 1947) comenzaron en los albores de la Segunda Guerra Mundial, cuando se fijaron en nuestro país no sólo en función del espionaje nazi (temática que en aquel entonces estaba dentro de las competencias del FBI) sino especialmente debido a una red de la KGB soviética muy activa, que operaba entre Chile, Estados Unidos y Argentina y que, entre otras cosas, habría al menos sugerido captar como agente de ella a Pablo Neruda, cuando éste se desempeñaba como cónsul en México. Por cierto, la mención al respecto (contenida en un cable interceptado por los estadounidenses a los soviéticos) es muy feble como para saber si se trataba de una prospección, una idea o algo más, aunque lo más probable es que quizás ni siquiera se lo hayan propuesto, dado que el mismo vate relataba en “Confieso que he vivido” la repugnancia que le provocaban los espías.
A poca distancia de la anécdota, sin embargo, lo interesante es que a contar de 1953 la CIA, que ya el mismo 1947 había instalado una Estación (oficina) en Santiago, comenzó a emitir NIEs sobre Chile, sigla de National Intelligence Estimate, eufemismo utilizado para designar unos contundentespapers de carácter académico realizados por una de sus divisiones, la Oficina Nacional de Estimaciones (O/NE, por sus siglas en inglés), con el fin de predecir diversos escenarios, habitualmente en el plano político y económico.
Una de las situaciones que más evidente resulta de la lectura de más de mil documentos de la CIA es que la Democracia Cristiana siempre fue el partido chileno mejor evaluado por los norteamericanos. El Partido Nacional, de hecho, les gustaba poco. Estimaban que Sergio Onofre Jarpa no era un buen líder y que el partido carecía de estructuras de base (como organizaciones de mujeres, por ejemplo), a diferencia de la DC, uno de cuyos líderes (cuyo nombre está borrado) viajó en 1971 al cuartel general de la CIA a pedir más dinero, pues ya se les habían acabado las partidas entregadas unos meses antes.
Y de lo que viene a continuación, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

LA IZQUIERDIZACIÓN

En 1963 se emitió un NIE de 33 páginas, que avisaba sobre unaizquierdización del electorado, lo que a juicio de la CIA obedecía a que la mitad de la población chilena estaba mal vestida y mal alimentada.
La CIA (sí, la misma CIA de siempre, a la que difícilmente podríamos acusar de ser un organismo antiderechista) atribuía dichas condiciones, entre otras cosas, a que “la clase alta –grandes terratenientes, magnates industriales y comerciales– conforma el patrón de consumo más conspicuo de América. Son capaces de mantener su estilo de vida, en parte, debido a la evasión de impuestos. Estos magnates tienen que compartir su poder político con una clase media rápidamente creciente”.
En 1969 se emitieron dos NIE. Mientras uno vaticinaba en forma exacta que “lo de 1970 será una carrera de tres hombres, en la cual no habrá una mayoría nítida, y la decisión final será tomada por el congreso chileno”, el segundo advertía, una vez más, sobre los factores que permitían la izquierdización, y que eran “los ingresos per cápita que permanecen inequitativos, la productividad agrícola que permanece baja y la inflación aún crónica”.
La conclusión de los analistas de la O/NE era que lo anterior provocó que “los chilenos se hayan puesto cada vez más impacientes con estas condiciones y a que el electorado haya girado en forma estable hacia la izquierda”. Asimismo sumaban el hecho de que, según ellos, “era difícil imaginarse un candidato más antipático que Alessandri”.
Ello contrastaba con la opinión que la misma CIA tenía de su rival de la UP, expresada en un NIE de 1971: “Allende es un experimentado y astuto político con una gran comprensión del sistema político chileno, ganada a través de años en el senado y como perenne candidato presidencial. Es una marca conocida para el electorado chileno, considerado un reformador que ha trabajado desde el sistema toda su carrera política. Allende tiene 63 años y aparentemente posee buena salud, a pesar de algunos problemas cardiacos previos. Trabaja duro en su oficina, tiene instinto para las relaciones públicas y es adepto a cultivar nuevos adeptos y desarmar a sus potenciales opositores”.

A DIESTRA Y SINIESTRA

De hecho, a diferencia de lo que se piensa, la CIA no se mostraba (al menos en el papel) amable en sus opiniones sobre buena parte de la derecha chilena. Con quien sí lo fue en algún momento fue con Carlos Prats, a quien calificaban en 1969, cuando era jefe de la III División del Ejército, con asiento en Concepción, como “probablemente el comandante de campo más altamente respetado de Chile”.
No obstante, por aquellos años eso aún era harina de otro costal. La preocupación principal era la posible asunción de Allende. En 1967, luego de la muerte del Che Guevara en Ñancahuazú, un cable emitido desde la Estación de la CIA en Caracas dejaba claro que, en el contexto de guerra fría, la preocupación por el marxismo debía dejar de estar en el foquismo guerrillero, pues a esas alturas ya tenían claro que lo de Cuba había sido una excepción y que, tras el fracaso de distintas experiencias armadas, “la revolución no es posible en parte alguna de América Latina, porque no existen las condiciones necesarias”.
Por ende, las miradas se tornaron con mayor fuerza hacia Chile, donde el dinero de la CIA había comenzado a fluir en 1953, subsidiando “agencias cablegráficas, revistas escritas para círculos intelectuales y un semanario de derecha”, como dice el informe Church, sin entrar en detalles, mismo reporte que precisa que los montos aumentaron a contar de 1962, cuando el gobierno de John F. Kennedy comenzó a ayudar a la Democracia Cristiana, a fin de evitar un triunfo de Allende en 1964.
Es justo precisar respecto de ello que la CIA tenía dos almas. Una estaba en Washington, al lado del río Potomac, y creía que si ganaba el socialista el escenario sería dantesco, visión muy distinta de la que poseía, desde su oficina en calle Agustinas, mirando hacia La Moneda, el por aquel entonces jefe de la CIA en Chile, Henry Hecksher, quien a poco de que Richard Nixon ordenara evitar que Allende asumiera (en septiembre de 1970), decía que la idea del golpe militar ―que proponía la Fuerza de Tareas, creada para tal efecto en Washington― era fantasiosa, y que además “no hay pretexto para un movimiento militar en vista de la completa calma que prevalece en el país”.
Dicha idea la compartió en Estados Unidos James Flannery, subjefe de la División Hemisferio Occidental de la CIA, quien argumentó en un análisis secreto que “Santiago no se puede comparar con Praga o Budapest hace 25 años. No hay un ejército rojo en Chile ni en sus fronteras”.
Ya en octubre, Hecksher insistió: “El clima en Chile ha estado considerablemente calmo desde la primera semana después de las elecciones. Hubo algunas corridas bancarias, pero pronto todo estuvo bajo control. Tanto el gobierno como la Unidad Popular están ahora a favor de evitar un mayor caos económico”, agregando un dato que parecía esencial: “El Partido Nacional está igualmente preparado para hacer negocios con Allende”.
Portada La CIA en ChileNo obstante, ni Richard Helms, director de la CIA, ni mucho menos el jefe de la Fuerza de Tareas, David Atlee Phillips (quien fue captado como agente de la CIA en Chile, en 1954), oyeron la opinión de Flannery y Hecksher y el plan que habían iniciado, el Track II (es decir, la vía militar) se finiquitó con el innecesario crimen del general René Schneider, opereta absurda iniciada como un plagio y que el mismo hombre de la CIA en el down town santiaguino había previsto cómo terminaría: “El intento de secuestro quizá conduzca a un baño de sangre”, escribió varios días antes.
Pese a Nixon, Allende terminó por asumir la primera magistratura chilena. Con ello se acabó también el trabajo de Hecksher. Aunque se trataba de uno de los principales artífices del derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala, ex jefe de la CIA en Laos y oficial histórico de la CIA, terminó su carrera acusado de ser “socialista”.
Un par de años más tarde, cuando Ted Shackley asumió como jefe de la División Hemisferio Occidental de la CIA, la explicación que se le dio respecto del hecho de que Allende estuviera gobernando Chile fue que había existido “una falla de inteligencia” que se atribuía no a quienes habían intentado el golpe sino, todo lo contrario, a Hecksher.

VUELTA DE TUERCA

No obstante, para el golpe de 1973 la actuación de la CIA fue muy distinta, pese a la creencia popular que le atribuye el golpe. Hecksher fue remplazado por un oficial llamado Ray Warren, muy aficionado a los cálculos políticos, que comenzó a implementar una suerte de continuación del planTrack 1; es decir, el financiamiento a los partidos políticos, que benefició principalmente y en primer lugar a la DC, luego al Partido Nacional y en menor medida a los partidos Demócrata Radical (PDR) y de Izquierda Radical (PIR).
Una de las situaciones que más evidente resulta de la lectura de más de mil documentos de la CIA es que la Democracia Cristiana siempre fue el partido chileno mejor evaluado por los norteamericanos. El Partido Nacional, de hecho, les gustaba poco. Estimaban que Sergio Onofre Jarpa no era un buen líder y que el partido carecía de estructuras de base (como organizaciones de mujeres, por ejemplo), a diferencia de la DC, uno de cuyos líderes (cuyo nombre está borrado) viajó en 1971 al cuartel general de la CIA a pedir más dinero, pues ya se les habían acabado las partidas entregadas a principios unos meses antes.
Ese mismo año el golpe ya era tema recurrente y Warren quiso ponerse a tono con ello. Por ello en un documento interno que circuló en Washington se leía que “la Estación (en Santiago) cree que debemos intentar inducir a los militares todo lo que sea posible, si no todo, para que tomen el control y desplacen al gobierno de Allende. Obviamente eso no será fácil de hacer. Los militares chilenos tienden a actuar en concordancia con su cadena de mando y sólo cuando el consenso es evidente. Más aún, el general Prats no parece dispuesto a avanzar con este objetivo”.
Posteriormente, el propio Warren enviaría a Washington un cable en que diría querer hablar con ciertos oficiales “clave”, para estimularlos a acometer una asonada, agregando que “debemos trabajar consciente y deliberadamente en la dirección de un golpe”, frase que causó ronchas en Washington. Le respondieron que no podían aceptar dicha “conclusión”, pues no existía autorización para ello ni, mucho menos, podían permitirle “hablar francamente sobre las mecánicas de un golpe” con algunos militares, como él lo pedía, aconsejándole que “veamos cómo se desarrolla la historia, no la hagamos”.
Claro, la situación en Washington era muy distinta de la de 1970. Ya tenían una experiencia que les indicaba que no era tan simple gatillar un golpe en Chile (por ello habían privilegiado la vía política) y además Nixon estaba con muchos problemas en el frente interno.
En marzo de 1972 el periodista Jack Anderson destapó en el New York Times el escándalo de las comunicaciones entre la CIA y la ITT (International Telephone and Telegraph), alentando los intentos golpistas de dos años antes, y debido a ello se había formado una comisión investigadora en el congreso de EEUU.
Vietnam era otro punto de conflicto para Nixon y, en junio de 1972, comenzó a estallar el caso Watergate. De ese modo, Chile ―que seguía siendo muy importante dentro del combate al marxismo― había dejado de tener la preminencia de antaño. Tan consciente estaba la CIA sobre las miradas que tenía encima, que en un informe de su Dirección de Operaciones, de septiembre de 1972, se decía que “la tentación de asumir un rol positivo en apoyo al golpe militar es grande”, pero que debían refrenarse, debido a que serían acusados de “ingeniar el colapso del gobierno de Allende”.
En medio de las cavilaciones de Washington, Warren siguió insistiendo hasta el final en la posibilidad de dar un golpe, asegurando que existía un ambiente totalmente propicio para ello y, quizá como una muestra de que el hombre en terreno siempre ―necesariamente― sabe más que quien está en un escritorio a miles de millas de distancia, se mantenía informado con mucha exactitud de los movimientos golpistas, como fue el traslado de los Hawker Hunter a Concepción varios días antes del 11, la constitución del grupo de 15 generales y almirantes que planificó la operación, las fechas probables, las cavilaciones, etc., mientras en Estados Unidos los analistas de la O/NE erraban medio a medio ―quizá por primera vez en el caso de Chile― en su último informe previo al golpe, del 14 de junio de 1973, en el cual aseguraban que la salida más probable a la crisis era “un punto muerto”.
  “La CIA en Chile”, Ediciones Aguilar, 291 páginas. 

viernes, 8 de abril de 2011

LIBIA: EL RUIDO DE LAS ARMAS. Por Héctor Vega

EEUU basa su compromiso militar en el “Destino Manifiesto” o utopía reafirmada en la fe de los peregrinos del Mayflower que al igual que en otras empresas que el imperio americano ha emprendido en el mundo, basa su determinación en la existencia de un mandato divino que en este caso es su convencimiento que el ideal de la democracia americana será finalmente evidente y compartido por el mundo entero. Visión de un milenarismo que impregna la política norteamericana. Surge la duda si acaso el resto de los miembros de la Coalición comparte esta visión y de qué manera las convicciones democráticas occidentales pueden ganarse con la fuerza de las armas, esta vez, en el norte de África.

Entendamos que los norteamericanos tardaron más de 200 años en definir el sistema que les convenía. Europa más de 360 años si tomamos como inicio de su propia búsqueda el Tratado de Westfalia (1648). No me cabe duda que la búsqueda por un sistema de gobierno con alta convocatoria en la época moderna comienza en África con la descolonización de los ’60 en el siglo pasado. No es tarea fácil lograrlo.

Los supuestos militares de la intervención de EEUU en la guerra civil en Libia
Es un hecho muy anterior a los acontecimientos en Libia, el proceso de descentralización y reorganización de los cinco Comandos en el mundo de la fuerza militar de EEUU. Esos Altos Mandos regionales poseen los módulos necesarios para la intervención de fuerzas expedicionarias con las cuales se busca definir la presencia norteamericana en escenarios de ultramar. Esta política de defensa responde a la eliminación progresiva de bases militares, y su transformación en fuerzas aerotransportadas en el modelo del cuerpo de Marines.

En el caso de Libia, Robert Gates, secretario de defensa, apoyado por Obama, excluye cualquier fuerza expedicionaria –el llamado On-call Aerospace Expeditionary Wing (AEW). Es decir, se desecha la intervención mixta de fuerzas expedicionarias con algún tipo de fuerza armada libia del Este. Esto es, la alta tecnología con apoyo local, como fue la alianza que se estableció hasta su muerte con el comandante Ahmed Shah Masud de la Alianza del Norte en Afganistán y que en este caso es desechada.
¿Por qué esta reticencia a la intervención con fuerzas terrestres en una lógica de invasión?

EEUU sabe que su progresiva intervención en objetivos terrestres la lleva fatalmente a involucrarse en una guerra civil. De hecho la OTAN ha declarado que “armar a los opositores es ilegal” (Anders Fogh Rasmussen –TV SKY). Al no producirse ninguna división al interior de la tribu de Kadafi, la suerte de la batalla final en el terreno queda entregada a la confrontación entre las fuerzas de Kadafi y los rebeldes del Este. Eso sin decir que estas últimas son incapaces de lograr avances decisivos, lo cual en definitiva deja en manos de la Coalición la decisión definitiva.

Sin embargo, no existe ninguna seguridad que las fuerzas de la Coalición puedan recrear las condiciones de la lucha militar moderna con un contingente mixto de tropas. Otra opción, consiste en dejar de lado la fuerza militar rebelde y asumir completamente las acciones en el terreno. Situación políticamente inviable puesto que la administración Obama no está dispuesta a pagar los costos ante la opinión pública mundial.

Desde el lado militar la eficacia en el terreno requiere de un cierto grado de independencia de combatientes y comandantes o recreación del teatro de guerra redcéntrica, con un centro (esquema panopticon) que tiene un  feedback para los problemas que le plantean los destacamentos avanzados en el terreno.

Las limitantes operativas de las fuerzas en combate se expresan en término de fuerzas enfrentadas, defensas, armamento, vehículos, hardware de comunicaciones, aprovisionamientos y…lealtades. Junto al enfrentamiento armado en el terreno libio-africano el centro de gravedad (en el sentido de Clausewitz) de las fuerzas antagónicas en operación, en algún momento se traslada al terreno de la política tribal y de clanes familiares y a la traducción directa de las directivas políticas en acciones militares en el terreno.
Aún si este complejo armado de lo militar con lo civil se expresara en algún grado de organización en el terreno, existe la duda acerca de la comunicación entre los sistemas y los actores. Es decir, de qué manera los sistemas  tecnológicos de información, vigilancia y reconocimiento, más la tecnología de inteligencia para el análisis de situaciones alejadas de la línea de operaciones, se traduce en información válida para los estados mayores extranjeros y luego en feedback hacia los combatientes en el frente.

Problema mayor que las tropas americanas ya enfrentaron en Irak, lo enfrentan actualmente en Afganistán y corren el riesgo de enfrentar en Libia en caso de involucramiento total en el terreno.
En el fondo se trata de enfrentar el asunto del mando en combate dentro del teatro de guerra redcéntrica –frase que fue empleada por primera vez de manera pública en 1997 por el Jefe de Operaciones Navales, Almirante Jay Johnson que cambia de manera radical la noción del mando en combate, lo cual es determinante del éxito en el campo de batalla, pues se tiene una visión panorámica del campo de batalla (corredores irradiando desde una torre u observatorio central).

La guerra redcéntrica crea un panopticon que da al comandante una visión ilimitada de un teatro de operaciones contemporáneo. De esta manera, comandantes de mayor jerarquía se convierten en observadores de facto, permitiéndoles no sólo controlar la batalla sino también cuestionar las decisiones de un comandante subalterno. La guerra redcéntrica se desenvuelve en un ambiente inalámbrico y digital de máxima coordinación entre las unidades operativas y el centro de operaciones.[1]

Hasta ahora ninguna de las complejidades de la intervención en el terreno se encuentra en la ofensiva aérea pues el ataque a los objetivos se lanza desde buques de guerra o desde bases del continente europeo; seguidamente, la inteligencia adquirida por años desde satélites espías, así como la detección, interceptación y grabación de las frecuencias de los radares libios permite la programación de los computadores de los misiles de crucero y de los misiles aire-tierra, para con ella asegurar la destrucción de los sistemas de armas que las emiten. Los aviones de combate así como de reconocimiento y los satélites espías permiten evaluar los resultados del ataque y retransmitirlos al centro de operaciones para la reprogramación de los ataques futuros. Hasta allí tecnología pura y nula necesidad de entrar en el juego político de las tribus en confrontación.

La realidad en el terreno demostró que al sobrepasar las fuerzas de la OTAN  la exclusión aérea mandatada por la ONU en la resolución 1973 y atacar objetivos terrestres las fuerzas de Kadafi, especialmente columnas blindadas, eran fácil presa de los aviones de la Coalición. De allí el avance de los rebeldes hasta amenazar la ciudad de Sirte (ciudad natal de Kadafi). La práctica de la guerra señala que toda táctica crea una contra táctica. Frente a un bombardeo imparable, Kadafi reemplazó los tanques y blindados por medios de fortuna –como los empleados por los rebeldes del Este– a saber camionetas y vehículos ligeros sobre los cuales se montó el poder de fuego y que banalizados de esa manera neutralizaron el poder de fuego de los aviones de la Coalición que no podían arriesgar el bombardeo de los vehículos de los del Este y menos aún aumentar las bajas de la población civil. El balanza de la contraofensiva en 48 horas señala la recaptura de ciudades que estaban en manos de los rebeldes, amenazando con ello, nuevamente la ciudad de Bengasi.

En conclusión, dada las características de la lucha en el terreno y los actores involucrados resulta imposible recrear las condiciones necesarias de un campo de batalla que en sus desarrollos lleve a un desenlace definitivo en Trípoli. Esto lo saben las fuerzas de la Coalición cuya reflexión en un corto plazo se centra en los escenarios políticos que se abren.

Cuando el empate en el teatro de guerra define los escenarios políticos

A dos semanas del inicio de hostilidades el resultado es un empate con un alto costo para los civiles. Excluida la retórica de la defensa y respeto de los DDHH en Libia que no aparece asegurada ni por Kadafi ni sus adversarios del Este, al menos en la versión occidental que se tiene de los DDHH y del ejercicio de la democracia, no queda a la Coalición otra alternativa que construir los términos de un alto al fuego –al margen de las verdaderas intenciones de unos y otros.
He allí la base, llamémosla cínica, de una agenda de discusión con participación de tribus y clanes familiares. Es en esa agenda donde la Coalición y la ONU podrán desarrollar sus propias ideas acerca de la democracia y plantearlas a sus interlocutores libios de uno y otro bando. Imagino, entre otras ideas de las potencias occidentales: registros electorales, elecciones libres, información y prensa libres, parlamento, tribunales de justicia independientes, etcétera…

En ese esquema, podrán integrarse otros gobiernos al margen de los de la Coalición a saber, China y la Federación Rusa, entre otros. El estatus de participación será en acuerdo con las partes. Imagino que la activa participación de países de la Liga Árabe en la Coalición, significará que su integración se discutirá al interior de aquella.

Conviene imaginar en esta agenda e itinerario posible los terrenos que no admiten discusión a saber, la integridad territorial de Libia sin divisiones ni particiones entre las provincias de Tripolitania y Cyrenaica. Dos, el estatus de la explotación del petróleo y gas y su comercialización. Tres, el destino de los jefes de ambos bandos, a discutir al interior de éstos, sin que ello sirva de moneda de cambio de los acuerdos.

No pasa desapercibido que el imaginario político de los países de la Coalición pasa por la desaparición del orden tribal. Lo cual, si entrara en la discusión, no sería sino una muestra de la dificultad de compatibilizar las realidades políticas de un país con la ideología de aquellos que intervienen desde el exterior. Esto se relaciona con el costo que las potencias de la Coalición están dispuestas a asumir frente a sus respectivas opiniones públicas. ¿Hasta qué punto habrá que estirar la cuerda para salvar las apariencias? Sobre todo cuando los dirigentes de la Coalición tengan que explicar en sus parlamentos el costo de la guerra, en países cruzados por la crisis financiera y el desempleo.

¿No estamos acaso en una situación en que los líderes de los países involucrados tengan que lamentar cuando las razones que tuvieron para comprometerse en una guerra no aparezcan tan plausibles al final como lo fueron al comienzo?

Bismark lo dijo: “Desgracia, para el hombre de estado, cuyas razones para entrar en una guerra no aparezcan tan plausibles al final como lo fueron al comienzo”                                                                                                           


[1] Ver Héctor Vega. La Fortaleza Americana. Editorial ARCIS-CLACSO coediciones, 2009, p. 112-113

lunes, 4 de abril de 2011

LIBIA: EL DILEMA DE OBAMA. Por Héctor Vega

Obama y Sarkozy enfrentan elecciones en un plazo no muy lejano, 2012. Obama intenta desmarcarse de la política agresiva de Bush y de sus compromisos mundiales como policía del mundo, y trata de liberar a EEUU de dos guerras [1].

Sarkozy es parte de la derecha nacionalista francesa, más aparentado a la IV República de la posguerra, período que en 16 años se suceden veintiún gobiernos. Francia asume con dificultad la descolonización en África, sus dirigentes lideran fugas hacia adelante [fuite en avant] de gobiernos que en política exterior oscilan entre el gaullismo derechista y el centrismo del RPR, la SFIO y el Partido Radical.

Los acuerdos entre las potencias occidentales en la guerra civil en Libia tienen que ver con intereses actuales en el petróleo, y el agua –su territorio esconde un mar de agua y es apropiado decir que esta es la primera guerra por el agua en el siglo XXI. Pero también la guerra civil en Libia tiene que ver con las sinergias políticas creadas en la segunda mitad del siglo XX. El hito fundamental está marcado por el 26 de julio de 1956, cuando Gamal Abdel Nasser proclama en la ciudad de Alejandría la nacionalización del Canal de Suez. Ese año cambió la historia del Medio Oriente y en palabras de Georges Corm “la nacionalización del Canal de Suez es un hecho histórico incomparable y es como un manantial del cual surgieron muchos acontecimientos cuya influencia persiste hasta hoy.[2]
En 1956, en Francia es Primer Ministro Guy Mollet, socialista proclive a entendimientos con los partidos de derecha y de centro y que participa junto con Inglaterra e Israel en la invasión del Sinaí y del Canal de Suez. Guerra que la ONU, la URSS y EEUU detienen obligando a las potencias invasoras a un cese del fuego y aceptar tropas de la ONU como fuerza de interposición. Es una época de confusión en la política francesa que resiente el liderazgo de las dos superpotencias de la posguerra, EEUU y la URSS, que dirigen la política mundial en desmedro de sus principales aliados durante la conflagración mundial, Francia y Gran Bretaña. En una fuga hacia adelante, Mollet, el 10 de septiembre de 1956 lleva adelante una curiosa gestión en Londres, de la cual no existen registros en la Cancillería francesa, en la que propone a Antony Eden, Primer Ministro conservador del Reino Unido, la unión política con Inglaterra, bajo el reinado de Isabel II, y en subsidio unirse al Commonwealth. Idea de Mollet rechazada por la opinión pública de ambos lados de La Mancha.
Los actores de la defensa de los DDHH en África
 Para los pueblos del Medio Oriente y África negra, estas fugas hacia adelante, de socios históricos en empresas coloniales como Francia y Gran Bretaña, la acción de la OTAN en la guerra civil Libia no constituye una sorpresa. Es parte de su política de intervenciones y tráfico de armas en el continente.[3]
Conciencia que esta vez se consolida en el mundo cuando tres décadas después la opinión pública mundial sabe que en Rwanda, pese al embargo impuesto por Naciones Unidas, llegaron armas al arsenal del gobierno de Habyarimana, las mismas que utilizaron los autores de las matanzas de Tutsis –un millón– y que provenían de Francia, China, Bélgica, Corea del Sur, Israel y Sudáfrica. Ninguna de las empresas o individuos que participaron en el genocidio [Amnistía Internacional menciona a Mil-Tec, con sede en el Reino Unido] jamás fue llevada a los tribunales para responder por sus acciones. Como lo subraya esta organización de DDHH, es una triste ironía que los mismos países que forman parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que se supone están encargados de mantener la paz y seguridad en todo el mundo, son aquellos que proporcionan armas y entrenamiento militar y de seguridad con las cuales se hace reinar el terror y las violaciones a los derechos humanos. De ese grupo forman parte: Alemania, Bulgaria, China, Estados Unidos, Francia, Israel, Reino Unido, Rumania, Rusia, Sudáfrica y Ucrania.
Agreguemos, que los mismos que hoy proclaman la defensa de los DDHH en el conflicto libio participaron en el genocidio, que significó la guerra de exterminio en el Líbano y que continúa en Palestina para controlar de esa manera el Medio Oriente. Son también los responsables de la cárcel de Abu Ghraib y del campo de concentración en Guantánamo.
Pero la ley de la guerra es universal. Porque se justifica para América Latina en los Documentos de Santa Fe [1980-2000], que preconizan la intervención unilateral contra “Estados peligrosos”, aún cuando el Estado que mereciere tal calificación, por la autoridad estadounidense, no hubiese incurrido en agresiones, con lo cual en último término, se consagra el principio de la guerra preventiva con licencia para matar.
En resumen ese es el cartel que exhiben ante el mundo las potencias de la OTAN que hoy defienden los DDHH en Libia.
El dilema de Obama: Al Qaeda o el “nasserismo modernizador” de Kadafi
Obama en dos guerras, Irak y Afganistán, con un déficit fiscal impresionante [1,29 billones de dólares en 2010] y la perspectiva del mayor déficit fiscal de la historia en 2011 de 1,5 billones de dólares, una opinión pública particularmente crítica a bajas estadounidenses en guerras que rechaza o no entiende, una apuesta electoral cercana [2012], entiende que el Imperio no está en capacidad de abrir más frentes. Sin embargo, ninguno de los elementos citados tiene la consistencia e importancia que finalmente han decido a Obama a comanditar la intervención en la guerra civil en Libia.
Existe una gran duda acerca de qué significado tiene la democracia para el bando del nordeste en Libia. Desde luego no se trata ni de la democracia europea, ni norteamericana en su sentido contemporáneo. Hasta ahora muy poco se sabe del llamado Consejo Nacional de Transición formado en Bengasi, muchos de cuyos miembros no son públicos. Como grupo armado, sin equipos ni armas para llevar adelante una guerra civil, el Consejo demanda urgentemente la intervención extranjera para derrocar a Kadafi. Dos gobiernos los han reconocido, Francia y Portugal. EEUU no está dispuesto a revivir el fracaso de las guerras de Irak y Afganistan y se remite a la ONU y a la OTAN para tomar la dirección del apoyo al Consejo Nacional de Transición y derrocar a Kadafi.
Hay un estudio de la Academia Militar de West Point [2007] [4] cuyos autores Joseph Felter y Brian Fishman revisaron los llamados Registros Sinjar, capturados por el ejército norteamericano durante la guerra en Irak que revela la composición de los grupos combatientes islámicos en ese país con procedencia de países del Medio Oriente. [5] El estudio revela que 17% [61] de los combatientes de Al Qaeda infiltrados en Irak a través de Egipto y Siria provenía de Libia; 41% [151] de Arabia Saudita. Un dato no menor es que 85.2% [52] del grupo libio de Al Qaeda eran combatientes suicidas, 13.1% [8] combatientes propiamente tales y 1.6% [1] en otras tareas. El contingente libio era militante del LIFG [sigla de Lybian Islamic Fighting Group, es decir Grupo Libio Islámico de Combate] grupo centrado principalmente en Bengasi y Darnah y que hace parte de Al-Qaida desde el 3 de noviembre de 2007. [6]
Otro estudio escrito por Webster G. Tarpley, [24 de marzo, 2011] [7] estima que en el LIFG existen fracciones que preconizan la lucha en Libia contra Kadafi antes que el combate en Irak. El autor concluye que EEUU podría caer en la misma trampa en que cayó Reagan en los ‘80 del siglo pasado cuando armó a los mujahedin afganos en la guerra que sostuvieron contra los invasores soviéticos con misiles Stinger y otras armas modernas que después fueron utilizadas contra las tropas norteamericanas.[8] Tarpley agrega que Al Qaeda fue creada en esos años por EEUU como una suerte de Legión Árabe contra la presencia soviética con los resultados en el largo término que todos lamentan hoy en día.
En el presente este historial no es descartado por el gobierno norteamericano, incluyendo el rol histórico que jugó Kadafi cuando adoptó como política un “naserismo modernizador” siempre en el contexto de la asociación y complicidad de tribus, clanes familiares y grupos étnicos que caracteriza la política africana. Obama sabe que difícilmente encontrará en las asociaciones islámicas y tribus aparentadas al grupo Senussi, aliados para un modelo de Estado democrático occidental. Más aún si debe poner en la balanza la alianza con militantes islamitas de Al Qaeda cuya influencia es importante en el nordeste.
La base étnica del LIFG se encuentra en la tribu Harabi, siendo sus líderes principales Abdul Fatah Younis y Mustafa Abdul Jalil. Younis fue hasta el 22 de febrero de 2011 General y Ministro del Interior de Kadafi. Alianza circunstancial que no puede esconder la enemistad de la tribu Harabi con Kadafi que expropió parte de sus tierras y las repartió entre tribus con menos poder y leales a su régimen.
A los Harabi se unen los Obeidat que aparte de identificarse con la monarquía sustentan un fuerte odio racial a los Fezzan del sur de Libia, que tienen una piel oscura y que los del nordeste acusan de ser mercenarios negros bajo las órdenes de Kadafi. Este rasgo racista y discriminatorio se ha concretado en el pasado en linchamientos en el nordeste contra africanos del Chad, Mali, Burkina Fasso, Senegal, Costa de Marfil que trabajan en Libia. Odio racial particularmente vivo en la provincia Cyrenaica del Nordeste.
Históricamente el nordeste libio ha estado asociado con la secta de los Senussi [o Sanussi] particularmente enemiga del occidente y partidaria de la monarquía. El rey Idris I perteneció a dicha secta y fue instalado en 1951 por los británicos y derrocado por Kadafi en el golpe de Estado de 1969. Los actuales rebeldes del este enarbolan la bandera de la monarquía y algunos piensan que sus preferencias se encuentran más cerca de la monarquía que de la democracia republicana.
Nótese que en un comunicado del 16 de marzo, la agencia Reuters señalaba que dos tribus importantes de la ciudad de Bengasi declararon su apoyo a Kadafi a saber, las tribus de Tarhuna y Warfalla.[9]  El alineamiento de fuerzas al interior de Libia prosigue, miembros del Ministerio de Kadafi hacen abandono de sus funciones, otro, Musa Kusa de Relaciones Exteriores llega a Londres en circunstancias aún no aclaradas. China declara que la Resolución 1973 de Naciones Unidas no ha sido respetada. Funcionarios del gobierno de Gran Bretaña admiten que es posible proveer de armas a los rebeldes. La OTAN declara que esto es ilegal. Pese a ello en la reunión en Londres de 36 países llamaron a Kadafi a renunciar. En una u otra forma la presión militar continúa en el terreno como la única opción capaz de abrir el camino a una solución política, pero esto ya es materia del próximo artículo.
NOTAS
[1] La expresión de sacar a EEUU de dos guerras pertenece, y es la opinión sobre la política de Obama, de Anne-Marie Slaughter quien fuera hasta el mes de febrero Jefe de Política del Departamento de Estado. Agrega, [Obama] “no va a hacer cosas que nos distraigan de Afganistán. Y eso es consistente con lo que yo llamo la doctrina Obama: que otros países tendrán que hacer más en un orden internacional más diverso” Véase La reticencia de Obama a que Estados Unidos tome el liderazgo en los conflictos internacionales. The Financial Times Limited en Diario Financiero. Lunes 28 de marzo de 2011, p. 34.
[2] Georges Corm, historiador y economista libanés es citado por Efraim Davidi en “La crisis del Canal de Suez en 1956: el fin de una época en el Medio Oriente y el comienzo de otra.”
[3] Está vivo el recuerdo de la liberación de los países del Sub Sahara, con líderes eliminados por sospechas de su inclinación socialista como Modibo Keita en Mali, 1968; Amílcar Cabral en Guinea Bissau, 1973, Thomas Sankará en Burkina Faso, 1987… Otros fueron recuperados para el poder colonial francés como Léopold Sedar Senghor 1980 [Senegal]; Félix Houphouët-Boigny, 1993[Costa de Marfil]…En la pos guerra, Francia tramó la separación de los pueblos del desierto, las tribus Tuareg del sub-Sahara, de las aún colonias del Sudán francés y que a comienzos de los ‘60 del siglo pasado serían declaradas por De Gaulle estados independientes a saber, Mauritania, Malí, Burkina Faso y Niger. En la historia reciente está la reivindicación del pueblo saharaui por recuperar el Sahara occidental, apoyado por Argelia y Libia contra la realeza marroquí.
[4] El título del original en inglés es: Al-Qaída’s Foreign fighters in Iraq. A first look at the Sinjar records. Harmony Project. Combating Terrorism Center, Departamento de Ciencias Sociales de la Academia Militar de EEUU en West Point, New York.
[5] Los Registros Sinjar provenían de un raid de las fuerzas de la Coalición en octubre de 2007 en la frontera de Siria con Irak. Contiene registros de 700 extranjeros que entraron en Irak entre agosto del 2006 y agosto de 2007, se refieren a su país y ciudad de origen, edad, empleo y el nombre de quien lo reclutó y aún la ruta que tomó el combatiente para llegar a Irak.
 [6] La traducción inglesa del texto citado puede verse en http://www.ctc.usma.edu/harmony/FFBiosTrans.pdf y la traducción de los Registros Sinjar así como su original en árabe en la dirección: http://www.ctc.usma.edu/harmony/Foreign_Fighter_BiosOrig.pdf .
 [7] El título original del studio es: The CIA’s Libya Rebels: The Same Terrorists who Killed US, NATO Troops in Iraq. Webster G. Tarpley, Ph.D. TARPLEY.net. March 24, 2011. Este estudio se puede acceder en http://tarpley.net/2011/03/24/the-cia%E2%80%99s-libya-rebels-the-same-terrorists-who-killed-us-nato-troops-in-iraq/
 [8] Se refiere al apoyo que EEUU prestó a los mujahedin contra el régimen del Partido Popular de Afganistán sostenido por la URSS durante el gobierno de Brezhnev, guerra que se prolongó entre 1979 y 1989. Ver Héctor Vega. La Fortaleza Americana. Capítulo IV Poder Imperial. Edición ARCIS-CLACSO, 2009, Ps. 85-134.