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miércoles, 6 de mayo de 2015

El proceso constituyente

Ernesto Águila

Sorprendio que la Presidenta Bachelet junto a anuncios de fondo sobre la agenda de probidad política convocara a un proceso constituyente en septiembre de este año para dotar al país de una nueva Constitución, la que vendría a ser la primera en nuestra historia concebida en democracia.
La única explicación plausible es que la Presidenta entiende ambos procesos como uno solo. Y hay razones para ello. La crisis actual de legitimidad del sistema político representativo comenzó como un cuestionamiento a las reglas del juego, en la medida que se empezó a percibir que diversos mecanismos e instituciones -senadores designados, sistema binominal y otros- impedían la expresión de las mayorías en el Congreso. A ello siguió una creciente conciencia ciudadana de que el marco constitucional no sólo tenía un origen ilegítimo, sino que reflejaba una visión parcial de la sociedad, la cual estaba protegida por unos quórums inalcanzables por la vía del voto. Por último, el reciente conocimiento de casos de financiamiento ilegal y colonización empresarial de la política terminaron por profundizar la crisis de confianza esta vez en los representantes.
En este contexto, es difícil no constatar que lo que está dañado es el contrato básico entre los ciudadanos y la democracia; que lo que está erosionado es ese sentido de pertenencia de los individuos a su comunidad política, y que para rehacer un vínculo de esa naturaleza se requiere un proceso que tenga la suficiente densidad histórica como para volver a tejer esas identidades comunes y solidaridades básicas que conforman una república. Para esto, no se ve, a estas alturas, que quede alguna herramienta política con la envergadura suficiente, que no sea la generación de una nueva Constitución Política.
Este proceso de construcción democrática de una nueva Constitución tiene como primer desafío dirimir el procedimiento a través del cual generarla. Para ello se requiere zanjar un mecanismo para definir dicho procedimiento. Sin duda, lo más avanzado al respecto es la propuesta presentada por 53 diputados de una modificación constitucional que permita la convocatoria a plebiscito con acuerdo del parlamento. Dicen ya contar con 60 adhesiones, pero se requieren 71 votos para abrir el “cerrojo”. Comenzar el proceso consultando al pueblo si quiere cambiar la Constitución y cómo desea hacerlo -comisión de expertos, parlamento a través de una comisión bicameral, asamblea constituyente u otra instancia- es de una impecable racionalidad democrática, independiente del cual sea el mecanismo que se considere más idóneo.
Con el procedimiento institucional dirimido se estaría en condiciones de iniciar formalmente el “proceso constituyente”. La derecha, que en su momento fue entusiasta de las consultas y los plebiscitos (1978, 1980, 1988, 1989), hasta ahora se opone, pero tampoco propone nada de envergadura para enfrentar la actual crisis. Por lo pronto, una propuesta irreprochablemente institucional y democrática se encuentra sobre la mesa.

Fuente: La Tercera

miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Es democrática la democracia en Chile?


A primera vista, hablar de “democracia” en Chile pareciera un chiste de mal gusto. Existe la percepción de que vivimos en un país escasamente democrático, aunque las autoridades, la clase política y los medios de comunicación nos intenten convencer día a día de lo contrario. Es verdad, ya no existe una policía secreta como la Dina-CNI que persiga a quienes piensan distinto para torturarlos y asesinarlos. Es verdad, los chilenos podemos, por lo menos, elegir al Presidente de la república cada cuatro años y a los representantes del poder legislativo. Pero como todas las verdades en nuestro país, se trata de verdades a medias.

Pensar la democracia en Chile exige considerar dos aspectos fundamentales que explican, para decirlo eufemísticamente, la “democracia de baja intensidad” en que estamos sumidos desde hace décadas. La primera y más evidente se relaciona con nuestra historia reciente. La actual institucionalidad y el orden jurídico del Chile presente encuentra como fundamento una carta constitucional sancionada por una Junta Militar en los años ochenta del siglo pasado. Si bien, la carta magna ha sido objeto de reformas cosméticas a lo largo de veinte años, lo cierto es que en la letra y en el espíritu sigue siendo una constitución de “seguridad nacional”. En palabras muy simples: En términos políticos, Chile no ha abandonado el espacio judicativo impuesto por el pinochetismo.

La constitución que rige al país en la actualidad prolonga el diseño dictatorial tanto en lo económico como en lo político. La democracia chilena ha sido vaciada de todo contenido que ponga en riesgo el modelo social y económico concebido por las elites al amparo de los militares golpistas de 1973. De algún modo, la democracia chilena hoy es la prolongación de la dictadura por otros medios. Tanto es así que muchos personeros de la derecha política, hoy en el poder, participaron del aquel maridaje espurio entre el dinero y el terror que se escenificó entre paganas antorchas en “Chacarillas”.

La democracia en Chile tiene un pasado y un presente profundamente antidemocrático. Pues, junto a las razones históricas que perviven obstinadas, el presente no podría ser muy distinto debido a razones económicas estructurales. Instituido un orden tecno económico neoliberal los resultados están a la vista: Cuatro familias de nuestro país (incluido el primer mandatario) tienen un ingreso anual equivalente al 80% de la población. Tal como indica la OCDE, Chile se ubica entre los países con peor distribución del ingreso y con los mayores índices de pobreza de esta organización.

Una constitución antidemocrática y un modelo económico que concentra la riqueza no es, desde luego, el “milagro chileno” que se quiere vender al mundo. Hasta el presente, la “clase política” se ha mostrado inepta e impotente a la hora de canalizar el creciente malestar de los trabajadores y estudiantes. La llamada “clase política” ha sufrido un enclaustramiento que la disocia de los movimientos sociales, sumiéndola en una mal disfrazada atmósfera de corrupción y autocomplacencia: Es la crisis de los partidos políticos, tan ayunos de ideas como de liderazgos.

Las protestas callejeras durante el año 2011 están mostrando el sentir profundo de un pueblo que anhela, precisamente, reformas democráticas. Al revisar los índices en educación, salud y previsión social, se advierte un endeudamiento y pauperización generalizados, mientras las grandes empresas multiplican sus ganancias. La gran mayoría de los chilenos está padeciendo bajos salarios y un malestar creciente, mientras el Estado sigue ausente, maniatado por el dogma impuesto por la ideología del neoliberalismo.

Se hace difícil hablar de democracia en un país donde ex agentes de seguridad de la dictadura posan de demócratas y ocupan cargos. Es difícil hablar de democracia en un país donde hay calles y navíos de la armada que ostentan los nombres y fechas emblemáticas conmemorando el golpe de Estado. Es difícil hablar de democracia en un país donde se conjuga la impunidad, la represión policial y los buenos negocios. Es difícil hablar de democracia cuando millones de trabajadores deben enfrentar cada mes con un salario mínimo de poco más de trescientos dólares. Y no obstante, es necesario, acaso imprescindible como nunca antes, hablar, justamente, de democracia en nuestro país.

Por Álvaro Cuadra

Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Elap. Universidad Arcis

lunes, 25 de julio de 2011

Chile requiere una Nueva Constitución

Marcelo Díaz

En paralelo a las emocionantes y masivas protestas de los últimos
meses -expresión evidente del enorme descontento de la ciudadanía-
comunidades, etnias y organizaciones sociales están recurriendo
permanente a la justicia o al Congreso Nacional,  a fin de conseguir
amparo y resguardo a derechos que muchas veces damos por obvios, sea
por estar establecidos en la Constitución, sea porque están contenidos
en Tratados Internacionales.

Legos y no legos, damos por supuesto que tenemos garantizados
constitucionalmente derechos de capital importancia, tales como el de
vivir en un medio ambiente libre de contaminación; no ser
discriminados por orientación sexual, género o etnia; a tener una
educación,  obligatoria,  gratuita, laica y de excelencia; entre
muchas otras.

Lamentablemente, esto no está ni cerca de ser así.

La aprobación de HidroAysén y otros proyectos depredadores del medio
ambiente, un sistema de financiamiento de la educación basado en el
lucro o las discriminaciones arbitrarias -ratificada por el Tribunal
Constitucional- en materia de post-natal, evidencian las debilidades
de nuestra institucionalidad, sea para brindar amparo a las garantías
constitucionales sea, simplemente, para evitar que una norma o
autoridad de jerarquía inferior, vulnere nuestros derechos
fundamentales.

Si consideramos, además, la ilegitimidad de origen de la Constitución
Política vigente y la convivencia dentro de ella de estos derechos
fundamentales -básicamente decorativos-con una serie de normas,
elevadas a rango constitucional, cuyo único norte es garantizar la
invariabilidad, ad eternum, del cuerpo constitucional que nos legara
una dictadura horrorosa y vergonzante, podemos hablar de que estamos
en presencia de una parálisis o crisis constitucional.

La carta fundamental chilena está, indignantemente, blindada por
normas que coartan la participación política, trampas legislativas,
quórums imposibles, controles constitucionales, cuyo único norte,
parece ser, reducir la expresión de la voluntad soberana,
exclusivamente, a elecciones y plebiscitos, éstos últimos limitados a
casos de laboratorio que explican porque nunca han sido convocados. Y
sabemos que el sistema electoral chileno no contribuye a que en estas
instancias se desborde la diversidad, la pluralidad de valores, ideas,
creencias y esperanzas que han encarnado – huérfanos de apoyo
político- los estudiantes, los defensores de bosques y ríos, los que
han marchado por la igualdad de derechos.

Requerimos una nueva Constitución. En verdad, la hemos requerido desde
siempre.

Si hay un hilo conductor, una quimera, una epopeya que ha
caracterizado la Historia de este país ha sido el requerimiento de los
excluidos por ser considerados como parte de un poder constituyente.

Se intentó el año 1828, con la hermosa constitución liberal de José
Joaquín de  Mora. Entre 1833 y 1924 distintos partidos y visiones
políticas fueron tomando el relevo para limitar el poder omnímodo de
la oligarquía y recuperar parte de lo robado al pueblo en Lircay.

La Constitución del 25, que nos rigió hasta que las llamas consumieran
La Moneda, fue impulsada por una Asamblea autoconvocada por obreros,
gremios y estudiantes, que luego fuera traicionada por los mismos que
se han autoasignado el poder constituyente desde siempre.

Como se ve, la demanda y los intentos por llevar adelante una
instancia participativa, democrática y pluralista donde se defina
colectiva y democráticamente las reglas básicas de nuestra convivencia
no han estado ajena a nuestra historia.

Tampoco lo están hoy en la esfera de las aspiraciones de otras
naciones. Países de regímenes tan disimiles, como Colombia y Venezuela
han concluido exitosamente sus procesos constituyentes, mientras que
Islandia se apresta a vivir este proceso validando a las redes
sociales como instrumento formal de expresión de la voluntad soberana.

¿Seguiremos, entonces, los chilenos constituyéndonos en la excepción,
en un caso patético -incluso objeto de estudio- de anquilosamiento
jurídico-institucional, de desconfianza en la voluntad popular?

¿Sumaremos a nuestros blasones de haber sido de los últimos países en
contar con Ley de Divorcio, Institucionalidad Ambiental o impuestos a
quienes se hacen de nuestra riqueza minera, el dudoso honor de
permitir que sigan envejeciendo y apoltronándose normas que
representan la particular visión de un puñado de personas, de hace ya
más de 30 años?.

Diez diputados de la oposición, en representación de muchos otros
parlamentarios y, especialmente, de miles de ciudadanos, no estamos
dispuestos a ello y hemos dado un primer paso, presentando un proyecto
de reforma constitucional que permita iniciar un proceso de Asamblea
Constituyente en Chile.

Nuestra propuesta es simple: que se pueda convocar a una Asamblea
Constituyente mediante una ley aprobada por la mayoría de los
Diputados y Senadores en ejercicio o por la iniciativa de al menos
quinientas mil firmas de ciudadanos. Asimismo, proponemos que la nueva
Constitución, redactada por la Asamblea, sea ratificada, mediante
plebiscito, por la mayoría absoluta de los sufragios válidamente
emitidos (Boletín 7792-07).

Se ha abierto una pequeña puerta, pero necesitaremos todas las
voluntades, toda la creatividad, toda la persistencia que hemos visto
en tanto héroe anónimo en las calles, colegios, universidades y plazas
de nuestro país, para evitar que se cierre.

Atendido los elevados quórums necesarios para aprobar esta reforma
constitucional es ilusorio pensar que será posible sacarla adelante
simplemente empujando su tramitación legislativa del modo habitual en
el Congreso. No veo razón para que aquellos que detentan el poder de
veto y el control de los cambios en Chile los entreguen así sin más.
Será necesario escribir una y mil cartas, firmar peticiones hasta que
seamos millones, y levantar la demanda de la Asamblea Constituyente en
todas y cada una de las movilizaciones por un Chile más justo y
democrático.

Tal vez no se logre pronto, quizás devenga en un asunto generacional,
en algo que se trasmite de padres a hijos.

Pero al menos hemos comenzado y depende sólo de nosotros que avance.

lunes, 18 de julio de 2011

Diputados de todas las bancadas de oposición presentaron un proyecto de ley de reforma constitucional para convocar a Asamblea Constituyente

La iniciativa del diputado PS Marcelo Díaz, tiene el propósito de generar las condiciones para que Chile cuente con una Constitución “plenamente democrática” y que “refleje fielmente las aspiraciones y demandas de los ciudadanos”.

El proyecto de ley de reforma constitucional para convocar a una Asamblea Constituyente fue presentado este jueves en la oficina de partes de la cámara, contando con el pleno respaldo de toda la Bancada Socialista. Pero también fue suscrito por los jefes de las bancadas de la DC, Aldo Cornejo, del PPD, Pepe Auth, del PC, Guillermo Teillier y del PS, Alfonso De Urresti. Además de la subjefe de la bancada del PRI, Alejandra Sepúlveda, del diputado radical, Marcos Espinosa, del diputado Independiente Sergio Aguiló, el timonel del PS, diputado Osvaldo Andrade y el diputado Marcelo Schilling.

Según explicó el diputado Díaz, autor de la iniciativa, la propuesta busca convocar a una Reforma Constitucional por la vía de una ley de quórum calificado en el Parlamento o por la presentación de 500 mil firmas de ciudadanos. Una vez aprobada la Asamblea Constituyente, se debería aprobar una nueva Constitución, la cual, según el parlamentario, “será plenamente democrática” y de “origen legítimo”. Así como también “deberá reflejar de manera fiel las aspiraciones constitucionales de los chilenos, respondiendo de paso a las principales demandas de los ciudadanos”.

El diputado Díaz recalcó que “no sólo queremos más participación, sino también un sistema político que se haga cargo de poner término a las profundas desigualdades que hay en Chile”. Además, agregó que “estamos convencidos que Chile vive una parálisis constitucional y llegó la hora de que nuestro país cuente con una constitución auténticamente democrática y no hay otro mecanismo que una Asamblea Constituyente”.

En la oportunidad, la subjefe de la Bancada del PRI, Alejandra Sepúlveda planteó que “hoy la ciudadanía nos están demandando una participación mayor, tanto en reformas constitucionales, como en la reforma a la educación y el lucho. Ya que no hemos podido hacerlo en estas cuatro paredes del Congreso, queremos que la ciudadanía defina una nueva constitución y esperamos aprobarla en el Parlamento”, indicó.

En tanto, el timonel del PC, diputado Guillermo Teillier señaló que este proyecto responde a un espíritu democratizador como el que ha estado presente en la presentación de otros proyectos, como la nacionalización del cobre, las reformas al sistema electoral y el plebiscito.

“Hoy se propone una Asamblea Constituyente que es la antesala para tener una nueva constitución y si fuéramos capaces como parlamento de dar estos pasos, indudablemente que nos estaríamos acercando mucho más al sentir ciudadano y podríamos revertir la lejanía con esta institución, porque  no responde a las expectativas ciudadanas y creo que estos pasos van a servir para eso y elevar el papel que realmente debe jugar en nuestro país”, aseveró Teillier.

Por su parte, el diputado PPD Pepe Auth, sostuvo que “buena parte de los problemas que tiene Chile en materia de educación, salud, desarrollo regional, y acción productiva del Estado, entre otros, tienen que ver con la Constitución, y el problema de nuestra Constitución es su pecado original, ya que fue generada entre cuatro paredes a espaldas de la ciudadanía”.

“El concepto de fondo que está planteado esta reforma, es que las Constituciones son el marco de referencia que guía a los países, y por lo tanto, tienen que ser decididas democráticamente por toda la ciudadanía, permitiendo que se pueda abrir paso a una generación democrática de una nueva Constitución”, afirmó Auth.

Comentario al margen: Sorprendente, por fin el PSCh y  diputados de varios partidos de la concertación reconocen oficialmente lo imprescindible de una nueva constitución,  mediente una Asamblea Constituyente con amplia participación ciudadana. Es la unica manera para lograr una democracia plena y resolver problemas fundamentales de los/as chilenos/as , como son la educación, salud, vivienda y garantizar los derechos de los trabajadores y de todos/as los/as ciudadanos/as, donde que explicitamente reconocido los derechos de las minorías étnicas.

viernes, 24 de junio de 2011

INGRESAN PROYECTO DE REFORMA CONSTITUCIONAL QUE PONE FIN AL LUCRO EN LA EDUCACIÓN Y FORTALECE EDUCACIÓN PÚBLICA

Los Senadores del PS Isabel Allende, Juan Pablo Letelier, Pedro Muñoz, Camilo Escalona y Fulvio Rossi con la adhesión de los senadores Ricardo Lagos Weber (PPD), Eugenio Tuma (PPD) y José Antonio Gómez (PRSD) formalizaron la presentación de proyecto de ley de reforma constitucional que plantea el “Fin del lucro” y el fortalecimiento de la Educación Pública.
La reforma constitucional impulsada originalmente por diputados y senadores del PS asegura la calidad de la educación y garantiza que el Estado financiará un sistema de educación de administración estatal. Y garantiza además que sólo los establecimientos educacionales que no persigan fines de lucro recibirán una contribución del fisco.

En lo medular, propone que “El Estado financiará un sistema de educación de administración estatal. Sólo la educación estatal y la privada gratuita, pluralista, democrática, no selectiva y que no persiga fines de lucro recibirá del Estado una contribución económica que garantice su funcionamiento y calidad, de conformidad a la ley”.

El proyecto también plantea que será la ley la que determinará los mecanismos básicos para asegurar la calidad de la educación. Esta iniciativa surgió, según lo explicaron representantes del PS, para darle respuesta y hacerse cargo de las propuestas que plantean los estudiantes en el marco de sus movilizaciones.

El diputado socialista Manuel Monsalve en compañía de diputados Marcelo Díaz y Juan Luis Castro explicó que se tomó la decisión política de ingresar el proyecto por la Cámara Alta debido a que en la Comisión de Constitución la Concertación tiene mayoría, lo que asegura que la iniciativa será tramitada y debatida.

A su turno, el senador Fulvio Rossi dijo que “esta es una iniciativa conjunta con los diputados y la presentamos en el Senado porque acá tenemos mayoría y en este tema tenemos profundas diferencias con el gobierno y la derecha”.

Aseguró que “estamos convencidos que la Constitución tiene que ser reformada en materia de educación porque es el deber del Estado no solo asegurar el derecho en general a la educación, sino que también de asegurar una educación de calidad y eso es lo que estamos estableciendo en esta reforma constitucional que lamentablemente nunca la derecha ha querido votarla a favor en el Parlamento”.

“Hoy –agregó- es el momento de hacer esta reforma, principalmente cuando los estudiantes están en la calle y con sus movilizaciones nos están interpelando como clase política y queremos que haya un debate acá en el congreso, un debate de visión de sociedad. Los socialistas pensamos que es deber del estado y tiene que estar establecido en la constitución asegurar una educación de calidad. Esto nos corresponde como clase política y esta es nuestra respuesta a las movilizaciones de los estudiantes”.
Precisó que también tiene que haber un compromiso con el financiamiento “el estado tiene el deber de financiar de manera adecuada la educación pública que hoy está totalmente desfinanciada y debe financiar aquella educación particular que no que no lucra con la educación. Los socialistas queremos poner fin al lucro en la educación y queremos también que sea gratuita aquella educación sin financiamiento compartido en donde se discrimina y selecciona con dineros del estado. Queremos educación pluralista y que se asegure derechos de participación y educación de los estudiantes”.

La jefa de la Bancada de Senadores PS, Isabel Allende aseveró que “como senadores del PS vamos a pedir que se vote a la brevedad esta reforma constitucional. Como socialistas debemos abogar por una educación pública de calidad con financiamiento asegurado y que no pase lo que hoy está pasando: Aunque 7 de cada 10 estudiantes que llegan a la educación superior son de primera generación, 2 años después tienen que desertar porque su familia no es capaz de pagar el alto costo de su educación o porque la calidad no estaba garantizada”.

“Vamos a votar esta reforma y esperamos que nos acompañen senadores de otras bancadas que se juegan hoy por una educación pública y calidad y que no ocurra lo que pasó hoy: deserción, deuda, incapacidad de pago y que la familia quede endeudada sin poder pagar y que los instrumentos para medir la calidad funcionen realmente”, puntualizó


EQUIPO DE COMUNICACIONES
SENADORA ISABEL ALLENDE B.
www.isabelallendebussi.cl