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lunes, 22 de agosto de 2011

Entrevista a Carlos Montes

Carlos Montes: "En el gobierno hay una disputa ideológica muy fuerte por el lucro en la educación"

El parlamentario sostiene que un sector oficialista -muy "pro mercado", dice- impide abrir el diálogo sobre una de las principales demandas estudiantiles.

por David Muñoz

Ha sido uno de los parlamentarios opositores que ha tenido el intercambio más fluido de opiniones con el ministro de Educación, Felipe Bulnes, en las últimas semanas.

Habla rápido, casi sin pausas. En segundos hace un rápido y crítico diagnóstico de las propuestas del Ejecutivo: acusa al gobierno de no querer dialogar con los estudiantes, y que, por el contrario, apuesta a desgastar el movimiento. Eso sí, tampoco demora en admitir que la Concertación también arrastra culpas en el tema educacional.

El gobierno lanzó esta semana su tercera propuesta para buscar una salida al conflicto educacional. ¿Le parece que va en el camino correcto?

Las demandas que quedaron pendientes son las mismas de cuando discutimos la Ley General de Educación (LGE). Quedaron pendientes el tema del lucro, la desmunicipalización, una reforma constitucional para fortalecer el derecho a la educación, a lo que se agrega una demanda de gratuidad y de que las universidades estatales no funcionen con la lógica del mercado, etc. El gobierno no ha entendido que aquí se requieren cambios estructurales. Llevamos 30 años con un modelo de mercado, desde 1981, que supuso que con este modelo la competencia de instituciones educativas iba a generar calidad. Pero ¿ha pasado eso?, sólo se han abierto matrículas, pero el sistema es más desigual.

¿Hasta dónde es viable la demanda estudiantil por educación pública gratuita y de calidad?

Tengo la impresión de que el gobierno no quiere resolver esta situación: si tuviera voluntad, habría dispuesto las cosas de una manera tal que permitiera a los distintos actores evaluar su propuesta. Pero, además, su propuesta no es buena. Ni política ni técnicamente. Hay dudas. Esto de bajar al 2% las tasas de interés, están hablando de $ 100.000 millones: ¿Qué cuesta tener más becas con esa plata y dejamos que el Crédito con Aval del Estado sea para los quintiles más altos? Siempre se dijo eso, este crédito era para ese sector, pero se fueron endeudando de todos los sectores en la medida en que no aumentaron las becas.

¿Cuál cree que es la traba en el gobierno para ofrecer una propuesta satisfactoria a los estudiantes?

No se comprende bien la envergadura de esto. No se comprende que cuando se gobierna hay que buscar una solución a los problemas. Michelle Bachelet tuvo que bajar el fin al lucro y tuvo que dejar de discutir sobre la educación pública para debatir la LGE, porque la derecha amenazó con rechazar todo. Creo, además, que al interior del gobierno hay una disputa ideológica muy fuerte por el lucro en la educación. Hay un sector muy pro mercado que, después de 30 años en que el mercado ha venido funcionando en la educación, no quieren asumir la lección y la Concertación en 20 años hizo muchas cosas en educación, pero dentro de una estructura de mercado.

El tema educacional divide a los partidos. ¿Cuánto influye el factor ideológico en la incapacidad de la clase política de lograr un acuerdo?

Por primera vez, la Concertación tiene un documento sólido, en el que llega a acuerdos en temas muy polémicos. Hay acuerdo al menos desde los partidos.

Al rechazar la mesa de diálogo con el Congreso, los estudiantes expresaron su desconfianza hacia la clase política en general...

Los estudiantes dijeron que si no hay garantías de cambios estructurales, qué sentido tiene una mesa en el Congreso. Cuando el gobierno es el que tiene la manija en el aspecto legislativo es válido decir que es una trampa, más que un avance.

¿Por qué la Concertación tampoco ha sido capaz de ofrecer esa interlocución?

La Concertación ha hecho un gran aporte en la educación. Ahora, la gran caída de la Concertación vino a fines del gobierno de Aylwin con esto del financiamiento compartido, que fue un retroceso, porque fortaleció la prevalencia del mercado en la educación. Lagos presentó la primera Ley General de Educación alternativa para cambiar la estructura, pero no se pudo. La Concertación tiene cierto tejado de vidrio, porque si bien hizo grandes cosas, cometió errores. Como regalarles recursos a los privados para implementar la jornada escolar completa, en vez de poner esos recursos en los sectores de mayor necesidad. O haber aprobado la LGE sin la educación pública.

Esa es una de las críticas más duras hacia la oposición, de que en 20 años no hizo nada por cambiar el sistema educacional...

La mayor parte de los cambios estructurales son de quórum elevado, y sin la derecha no se podían hacer. Y se intentó varias veces.

O sea, usted comparte la tesis del ex Presidente Lagos de que la derecha bloqueó todo durante los 20 años...

Creo que gran parte, no todo. El financiamiento compartido no es sólo responsabilidad de la derecha. Es también de la Concertación. Ese fue un error muy grande de ambos. Haber aprobado una Ley General de Educación y haber generado ante el país la idea de que había consenso suficiente no fue adecuado.

¿Comparte la crítica hacia los presidentes de partidos que han actuado de manera errática durante este conflicto?

No me atrevería a decir que han actuado de manera errática. Hubiera esperado que fueran más proactivos, más dinámicos en su forma de insertarse en el proceso.

En el gobierno insisten en que la oposición carece de interlocutores para cerrar acuerdos amplios...

Los presidentes de partidos nunca habían sido tan consistentes y tan profundos como en el documento que generaron. Se formó un comité de ocho parlamentarios, del cual soy parte, y estamos tratando de avanzar. Lo que pasa es que el gobierno tampoco quiere dialogar. Antes de lanzar su última medida podría haber siquiera sondeado cómo iba a reaccionar la oposición. Ellos creen que tienen todo el sartén por el mango, pero no lo tienen y no se dan cuenta de que se puede generar una situación bastante compleja hacia adelante por la falta de flexibilidad y apertura a un diálogo real.

¿Pero usted cree que la solución pasa por un diálogo entre gobierno y oposición?

Al nivel a que ha llegado todo esto, el gobierno debe tener la iniciativa para tener un diálogo con los estudiantes. Estamos dispuestos a apoyar ese proceso, pero estoy convencido, por esta tercera versión, de que el gobierno quiere derrotar al movimiento.

Los estudiantes han demandado un pronunciamiento de Bachelet, ¿qué cree usted?

Ella optó por un organismo internacional. Sigue muy atenta lo que está ocurriendo, pero trata de no meterse en los debates de hoy en día. En algún momento decidirá volver acá y va a tener que opinar.

jueves, 14 de abril de 2011

Por la reconquista del Partido para una política socialista - Manuel Almeyda

   En un período de profunda crisis económica mundial y además nacional, por la caída del precio y producción del salitre, con nefastas repercusiones sociales de cesantía, miseria y de conflictos sociales, y de la no menos convulsionada coyuntura política de entonces nace el Partido Socialista de Chile.

   A raíz de la crisis del régimen parlamentario que estalla con la doble intervención militar durante el período presidencial de Arturo Alessandri, del abortado gobierno de Emiliano Figueroa, de la dictadura de Carlos Ibáñez y de la caída del impotente gobierno del jurista Juan Esteban Montero, por la presión militar liderada por el coronel Marmaduque Grove, se instala la República Socialista que en solo doce días dio muestras de su compromiso político con el pueblo, de su voluntad democratizadora y de reforma del régimen económico-social imperante.

   El respaldo de entonces a las ideas socialistas, sustentadas por diversas agrupaciones políticas, se manifestó claramente en el gran apoyo popular y de los trabajadores organizados que concitó la candidatura presidencial de Grove, que superó la de algunos partidos tradicionales, aunque fue derrotado por Arturo Alessandri que iniciaría su segundo gobierno, no ya de reformas claramente progresistas, como el de su anterior período, sino que abiertamente reaccionario.

   Estaban entonces dadas las circunstancias políticas y sociales para la creación del PS que aparecía como la instancia capaz de conducir la acción política en defensa de los intereses de los trabajadores manuales e intelectuales, de los estudiantes y del pueblo en general.

   La dirigencia del partido recayó en quienes participaron en la República Socialista y fue ahora liderada por Oscar Schnake, Grove y Carlos Alberto Martínez. Era el 19 de Abril de 1933. Seis meses después en su primer Congreso, el Partido se definía marxista, aprobaba su primer programa y elegía su primer Comité Central y su Secretario General: Oscar Schnake.

   Ya a poco andar, de su abigarrada trayectoria de casi ochenta años, el PS hasta nuestros días ha sido tal vez el partido que más expectativas, frustraciones, éxitos y fracasos ha dejado escritos para la historia política del país.

   Para enfrentar la contingencia política sus decisiones y conductas no solo han dependido de las urgencias y oportunidades objetivas de la coyuntura, sino que también de los avatares de la política internacional y a veces muy gravitantemente de las tendencias ideológico-políticas dominantes al interior del Partido.

   Es así como hemos asistido al ensimismamiento paralizante, a alianzas con partidos de izquierda o solo marxistas o con partidos de centro e incluso con cualquiera que estuviera dispuesto a luchar por la democracia.

   El análisis de los éxitos o fracasos políticos para el país y de los efectos al interior del partido desde su fortalecimiento orgánico, prestigio y gran apoyo popular hasta la inoperancia, la debacle electoral, la sangría por motivaciones políticas o solo personalistas e incluso las divisiones como las cooptaciones con fuerzas afines, han sido
tarea para historiadores y sociólogos y muy útiles para la política y no tanto para los políticos.

   Hoy día se dan condiciones favorables para comprender que muchas veces el empecinamiento en posiciones más reformistas o porfiadamente “ideológicas”, causaron daño al partido y no se tradujeron, cualquiera que fuera la dominante, en políticas siempre acertadas para los trabajadores y las clases postergadas del país.

   El Partido desde la recuperación de la democracia, integrando la Concertación, ha sido gobierno durante dos décadas sumido en el estilo de capitalismo neoliberal que domina gran parte del mundo occidental desarrollado y que desde los años cincuenta en todos los países oscila entre opciones más derechistas o izquierdistas demostrando la incompetencia del sistema para enfrentar con eficacia persistente las carencias ideológicas, éticas, económicas y políticas del sistema. 

   La tarea fundamental del Partido, precisamente por esas incompetencias, es abrirle paso a uno más justo y solidario de carácter socialista que asegure progreso sostenido.

   En esta posición, que implica la superación del capitalismo, están con variantes, no incompatibles, diversas fuerzas políticas, dentro y fuera de la Concertación.

   No es realista ahora conseguir propósitos de esa naturaleza que no sea por causes democráticos por lo que el acuerdo primordial de las fuerzas progresistas es el de lograr el perfeccionamiento del sistema electoral de tal modo que permita en el parlamento, la representación proporcional de todas las fuerzas políticas y el de la participación directa de la ciudadanía en cada vez más temas y decisiones que le atingen directamente.

   Sin estos logros so será fácil inclinar la balanza del sistema imperante hacia posiciones y conquistas progresivas de izquierda que, aunque justas, no terminen por detener y deteriorar el progreso logrado. Estamos asistiendo hace rato al fracaso o parálisis del llamado estado de bienestar y a su reemplazo por gobiernos de derecha que obligan al trabajo a producir más plusvalía y a los trabajadores, por lo tanto, a disminuir su calidad de vida y esperanza de superación.

   El Partido debe tomar conciencia de este incesante columpiarse entre posiciones antagónicas a que somete el sistema capitalista en vigencia y que incluso a veces se interrumpe provocando crisis profundas, periódicas y cada vez más frecuentes cuya solución siempre descansa proporcionalmente más sobre los hombros de los que no las provocaron: los trabajadores.

   Persistir en las mismas andanzas es la diabólica dinámica del sistema. Dejar de volver al columpio o bajarnos de él, es la tarea nuestra.


No es fácil, pero hay que comenzar, al menos:

-          Recuperando el prestigio de cada uno de los partidos de la Concertación y del conglomerado en su conjunto: saneando la vida interna de cada uno, y restableciendo la disciplina, y cumpliendo entre los partidos los compromisos acordados y realizando una oposición concertada, firme, responsable y propositiva, no privilegiando las escaramuzas inconsistentes, como a menudo ocurre, con el afán de protagonismo personal que desprestigia la política.

-          Impartiendo educación política en la comunidad, empezando por los jóvenes, los trabajadores y por quienes participan en organizaciones civiles humanitarias y ambientalistas, para involucrarlos activamente en los destinos del país. En suma hacer de todos los potencialmente progresistas, agentes políticamente revolucionarios.

-          Logrando ampliar la Concertación con fuerzas de izquierda democrática o al menos concordando con estos acuerdos políticos que permitan construir un conglomerado o meramente un pacto electoral capaz de arrebatarle el poder a la derecha, abriendo así el camino para un gobierno dispuesto a promover cambios políticos substanciales.

   Éstas, por supuesto, son solo algunas propuestas, pero fundamentales para esta magna tarea.

   Ojalá en nuestro Congreso Eugenio González Rojas, su inspirado pensamiento ideológico vuelva a cautivar la conciencia de los socialistas y la inquebrantable voluntad de Salvador Allende por hacerlo realidad, lo haga suyo el Partido.  




Manuel Almeyda M.

domingo, 13 de marzo de 2011

Primera Piedra Nº 404 del 14 de marzo de 2011

Primera Piedra Nº404 14.03.11                                                                                            

jueves, 16 de diciembre de 2010

BASTARDOS EN EL PARAÍSO


“¿Qué hubiese pasado si alguien se hubiera atrevido a escribir en las redes de aquellos tiempos, que la tierra era redonda? Habrían acusado a cualquiera de demencia, pero si además les hubiese contado acerca de la Fuerza de Gravedad, hubieran respondido: Ahhh entonces la tierra es una esfera…”

Es decir, que la diferencia entre la verdad y la mentira, radica en cuánta información se tiene para opinar. Me atrevería a afirmar que es un ejercicio curioso el escuchar la opinión de la gente sobre la política hoy. Van y vienen con sus comentarios acerca de lo que es el Partido Socialista, o por lo menos lo que debería ser. Los militantes por un lado hablan del compromiso político y por el otro al opinar, provocan la censura sarcástica y mordaz de los reaccionarios, toda organización los tiene.

No pretendo descalificar a los que piensan similar. Sino a los otros, a los que se pasean por Chile haciendo borrón y cuenta nueva.

Hacer uso del libre albedrío: ¡puede doler! La censura como mecanismo de represión social es algo muy en boga en estas redes… pero tal como en los televisores de chilenos y chilenas, las verdades son manipuladas por los medios de comunicación de masas en esta dictadura mediática de la desinformación, las estructuras partidarias pertenecientes a la Concertación, manejan la misma lógica con las masas socialistas que de socialistas, tienen bien poco ya...y las redes de cibermilitantes son el testimonio donde se atropella la opinión de quien no defiende la autoalienación a los valores liberales de las clases dominantes.

El neoliberalismo se llevó consigo los principios, arrasó con los partidos políticos que otrora trabajaban orgánicamente al servicio de la lucha social, tiraron abajo las organizaciones sociales en Chile: femeniles, de jóvenes, a los trabajadores luchando por sus demandas “de clase” etc, etc, etc.

¿Pero cómo se instala la lucha de clases si todos somos iguales? Hoy, gracias a este modelo neoliberalista, las mayorías tienen acceso a un plasma, a un auto…luego viene cualquier político y son precisamente esas masas de “consumidores” que ya “no son ciudadanos”, las que votan de acuerdo al mejor postor…

Convendría entonces redefinir el concepto de lo que son las capas populares, porque estas ya no incluyen a los trabajadores, al campesinado…las otras capas, las emergentes llamadas populares son precisamente eso, más permeables y manipulables a los votos de la derecha, al acarreo en las elecciones internas de los partidos políticos, situación que cualquier militante que fue a votar el pasado 25 de junio del 2010, pudo registrar ocularmente en las votaciones internas del Partido Socialista.


¿Qué hacen hoy Marxistas Revolucionarios en un Partido de Liberales?

Desde la focalización de las masas de partidos políticos en que el universo socialista, por ejemplo, ya está reducido ante el número de gente que ha ingresado al PS, pero que no hace militancia, sin embargo aparecen legitimando elección tras elección, a la cúpula que gobierna el PS con las mismas estrategias de la derecha sobre este Chile de mujeres y hombres solos.

El discurso manso y consensual de Andrade pretende “esconder” lo indesmentible y que los registrará en la historia como un grupo que detenta el poder por el poder, sin proyectos, sin pueblos que defender, sin porvenir para este Chile que necesita otra clase política distinta: una que en vez de hacer “lo pertinente”, haga lo “correcto”.

Caerán como cayó Pompeya, Roma y el Neoliberalismo, es cuestión de tiempo y tecnología, los grandes paradigmas de la comunicación se están modificando y Julian Assange ha demostrado que la tecnología puede usarse al revés y ponerla al servicio de la información de masas ignorantes del orden político, que pende sobre sus cabezas.

Tal como dijo Jorge González en un concierto llamado el Abrazo donde revivió material de la voz de los ‘80: “vamos a ver si después de este gobierno Piñerista” y la Concertación, “nos queda país”.

Así es que no los interrumpo más, sigan adelante con vuestras opiniones cibernéticas como meras reproductoras de la falta de praxis y compromiso socialista, porque tal como las masas duermen anquilosadas en el consumismo, la actual cúpula liberal disfrazada de socialismo, ha neoliberalizado al PS, ha deformado sus cimientos y lo que es peor, ha abandonado a su gente y es culpable del abandono y desarraigo del socialismo. Puede manejarse el vocabulario, como cada cual quiera a su antojo, pero las verdades son verdaderas.
                                                                                        
Y para quiénes se aprestan a descalificar estas palabras, porque no se pueden permitir bastardos en el paraíso, les contesto a priori, Ghandi decía:

“Algo erróneo no se convierte en verdad a base de repetirlo muchas veces, tampoco una verdad se convierte en algo erróneo, porque nadie la vea”.
Mahatma Ghandi

 

Pamela Godoy
Periodista y socialista 

sábado, 6 de noviembre de 2010

Debate: Preguntas y respuesta Manuel Almeyda: Respuesta a Tito Benado

Muy pertinentes y oportunas me parecen las interrogantes planteadas recientemente por mi compañero y amigo Tito Benado.
 
   Coincido plenamente con su análisis del devenir político y teórico de los partidos socialistas y socialdemócratas, que parecen ya no aspirar a una auténtica (revolucionaria) superación del sistema capitalista.
 
   No sólo en Chile, en que esta sospechosa involución se hizo evidente al transitar hacia la democracia post dictadura, sino que también y muy especialmente, como lo señala Tito, en los países europeos. En éstos, esos partidos que se han acomodado al régimen neoliberal imperante y olvidado su propósito y proceder político de paulatina superación del régimen capitalista, que les permitió durante varios años conquistar un bienestar social como nunca antes, no son ahora ni siquiera capaces de mantenerlo.
 
   La debacle del “socialismo real”, que sirvió para estigmatizar el pensamiento revolucionario, sin duda que ha gravitado en la convicción progresiva de muchos sectores de que la justicia social puede lograrse con medidas que mejoren el sistema y sanciones severas para combatir sus abusos.
 
   Los partidos comunistas, que fueron poderosos e influyentes social y políticamente en muchos países, incluso en Chile, han devenido en partidos de limitada convocatoria al parecer ser incapaces de ofrecer alternativas revolucionarias que superen los errores ideológicos y políticos que malearon su destino. Los países actualmente “comunistas” o padecen su régimen político opresivo y su estancamiento económico-social o adoptan la estructura económica capitalista, reproduciendo el camino explotador que el régimen recorrió en los países hoy desarrollados, pero por dictaduras implacables para contener las justas aspiraciones sociales.
 
   Destaca también Tito Benado factores propios y externos que dificultan la recuperación orgánica, el perfil político auténticamente socialista y la convocatoria de nuestro Partido.
 
   En efecto, el desdén, por decir lo menos, de sus fundamentos teóricos y la práctica del oportunismo político que lleva a cuestas, vulgariza y desprestigia su política contingente; el ejercicio de esa noble actividad no pocas veces aprovechada para satisfacer intereses personales o de grupos en desmedro de los del país; el debilitamiento de las organizaciones de los trabajadores en sus luchas reivindicativas y políticas, y la insurgencia de nuevos contingentes de clases medias incultas políticamente y arribistas no son caldos de cultivo apropiados, no sólo en Chile, para superar la desesperanza y la apatía para luchar por la conquista de nuevos horizontes.
 
   Todo lo dicho, sin embargo es sólo una cara de la moneda. Hay una contraparte.
 
   No podemos ignorar que el régimen capitalista, en la medida que los países se han ido democratizando, ha ido, obligadamente, morigerando su carácter explotador e inhumano y especialmente a raíz de la primacía política de los partidos socialistas, socialdemócratas, comunistas y socialcristianos que sustentados en la doctrina marxista o  en las encíclicas Rerum Novarum y Quadragésimo Anno condenaron y combatieron las injusticias del capitalismo.
 
   Tampoco podemos desconocer que después de la segunda guerra mundial se han producido múltiples acontecimientos y manifestaciones de diversa naturaleza que han mantenido viva la aspiración y la lucha por la justicia social y por cambios en el régimen político, económico, social y ético vigente.
 
   A modo de ejemplo, abreviadamente y sin secuencia cronológica ni valórica, recordaré algunos, que desgraciadamente pueden ser ignorados por las nuevas generaciones. En el orden religioso: los acuerdos de los sínodos de Puebla y Medellín, la teología de la liberación y los movimientos de cristianos por el socialismo; en el orden institucional: el surgimiento de la ONU con sus variados campos de acción en la promoción del desarrollo económico y social y el apoyo a los países en situación de catástrofe, los pactos por la defensa de los derechos humanos y por la protección del medio ambiente, entre otros; en el de la participación social: la multiplicación de las ONG en beneficio de los pueblos de los países subdesarrollados, los movimientos de rebeldía juvenil en diversos aspectos del status económico, social y ético imperante como el explosivo Mayo Francés y sus réplicas en otros países, no sólo europeos y el contestatario e inconsistente hipismo y las protestas estudiantiles no sólo por sus intereses sectoriales, sino que también por una nueva sociedad; en materia económico-social: la seguidilla de crisis de esa naturaleza, características del sistema capitalista con sus funestas consecuencias de cesantía, miseria y debacles económicas empresariales, de las que la de los años 2008-2009 aún nos penan, que como en todas la recuperación descansa especialmente sobre los hombros de los explotados y más pobres. La globalización, imparable proceso, asociado al desarrollo científico-técnico, especialmente en las últimas décadas, dentro de la dinámica capitalista no es menos causante que las crisis de la exacerbación de la injusticia social, que sólo puede sanearse en una sociedad socialista.
 
   Si bien la debacle del “socialismo real”, el retroceso reformista de las social-democracias y la pérdida de prestigio y convocatoria de los partidos socialistas y comunistas y su acomodamiento oportunista al sistema constituyen un reflujo político ideológico y paralizante, no es menos cierto que esto haya significado una reivindicación económico-social y ética del régimen capitalista y del individualismo que los sustenta, ni tampoco la aceptación de su pretendido fin de la historia.
 
   La evolución de la humanidad, desde sus orígenes y en las diversas culturas existentes, ha demostrado que no se detiene, continúa más aprisa, acicateada por las necesidades sociales insatisfechas y por las conquistas racionales y científico-técnicas. Aunque no exenta de reflujos no nos permite aceptar que se detenga, más aún sin resolver las injusticias económico-sociales evidentes y la corrupta dimensión ética del sistema capitalista incapaz, por lo demás, de superarse dentro de los parámetros que lo definen.
 
   Donde ha habido fuego brasas quedan que los vientos reaniman. Y duda no cabe que en las últimas décadas han soplado fuerte y puesto nuevamente en escena la urgencia de sustituir el régimen capitalista por una sociedad solidaria centrada en la superación y bienestar de las personas más que en el éxito económico que no las garantiza y desestima.
 
   Las situación actual del PS y su destino no depende sólo de su dinámica interna y de factores externos en el país, sino que también del proceso político evolutivo del entorno latinoamericano y menos directamente también del resto del mundo civilizado. El socialismo en un solo país es inviable más aún en un mundo globalizado como en el que vivimos. Sin embargo, si la propuesta de cambio revolucionario es comprendida más allá del país y su camino es políticamente acertado y consecuente deberá servir de estímulo para expandirse, al menos en el ámbito continental, creando las condiciones para hacer ese cambio posible.
 
   A las preguntas planteadas por Tito habría que agregar otras más, si la respuesta a la primera de las suyas es positiva: ¿Qué hacer?, ¿Cómo hacer?, ¿Cuándo y con quiénes?, pero no sólo a nivel país, sino que al menos en los países hermanos más próximos geográfica y políticamente.
 
   Como yo soy dos años mayor que Tito, haciendo uso del mismo privilegio que invoca, esperaré que dé su opinión para dar la mía, si es que entonces aún valiere la pena.
 
  
 
 
                                                                         Manuel Almeyda Medina

sábado, 23 de octubre de 2010

Debate: PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Creen Uds. posible recuperar al PS para el socialismo?
¿Cuáles son los escollos al interior del Partido y en la sociedad chilena? 
En la Red Congreso_PS  y a propósito del refugio concedido a Galvarino Apablaza, se ha debatido sobre muchos aspectos de la vida partidaria.
Pero un tema ha estado ausente: La evolución hacia atrás del PS para transformarse en un partido más del sistema capitalista y las posibilidades de cambiar su rumbo.
El Partido Socialista se fundó como un partido comprometido con el cambio social y  culminó su lucha al lograr en el gobierno de la Unidad Popular en los años 1970-73, con el compromiso del Presidente Allende de crear un área social de la economía respetando el sistema democrático chileno. Posteriormente el PS ha devenido en un partido que no cuestiona el sistema capitalista que impera en Chile. Más bien navega con satisfacción en sus aguas y corrientes. 
Dos antecedentes  previos son indispensables antes de responder a las preguntas: 
No hay ningún partido socialista a nivel mundial que  habiendo adoptado los principios socialdemócratas, basados en mejorar por etapas al sistema capitalista, compitiendo  por llegar  a los gobiernos solos o en alianza con otros partidos, ha podido mantener o recuperar sus principios revolucionarios y  replantear el cambio social.
Son ejemplos notables, por haber mantenido en su seno  corrientes izquierdistas y marxistas, el partido laborista inglés, el PSOE español, el partido socialdemócrata sueco y el partido de izquierda alemán (the link).
Algo similar ha ocurrido con los partidos comunistas, que sin adherir al ideal socialdemócrata, han perdido crecientemente su influencia entre las masas populares,
Así , el PC francés (3% en la última votación presidencial) , el PC italiano , disuelto en una coalición izquierdista, el PC portugués  ( el único que conserva cierta tradición ortodoxa y votación popular) y el PC chileno , que no llega al 5% en la votación presidencial última.
Una recuperación del PS de Chile para una linea revolucionaria y de cambio social, sería un caso único en la historia contemporánea y sin precedentes a niveles teóricos o prácticos. 
Los antecedentes adicionales a tener en cuenta, son los factores internos y externos que dificultan la recuperación política del PS de Chile.
Internamente está el deterioro de la política, como  actividad ideológica y de principios éticos, ya que la política se ha convertido en una fuente más de ingresos personales para muchos militantes. La carrera por llegar al Congreso Nacional ( ingresos de más de 10 millones de pesos mensuales), la de funcionario público de confianza ( grados 5 o superiores de la administración pública : 3 millones de pesos líquidos mensuales), o la de compartir directorios de empresas públicas o privadas , usando la influencia política en los sucesivos gobiernos , ha hecho estragos en la moral de la militancia. La competencia por adquirir estatus y respetabilidad les ha hecho  cambiar su manera de pensar. Sólo una minoría de militantes históricos y jóvenes incorporados a la militancia al calor de la lucha, mantiene su lealtad a los principios y forma de vida  ligada a la tradición obrera y popular. 
La desaparición del llamado  campo socialista vinculado a la Unión Soviética , el mantenimiento de regimenes comunistas en Cuba , Vietnam, China y Corea del Norte con dictaduras y hegemonía de un solo partido , sin democracia participativa y con  fuerte desarrollo de privilegios y burocracia parasitaria, que alejan  a la población chilena de esos modelos.
La incapacidad del Partido Socialista de señalar un modelo alternativo de sociedad que cumpla con los ideales socialistas de igualdad de oportunidades, eliminación de las diferencias de clases sociales, un modelo exitoso de economía productiva y distributiva, que asegure el crecimiento y la modernidad de la vida social asegurando una importante dosis de felicidad para cada ser humano .Finalmente, hay que aceptar que la composición social  en Chile ha sufrido modificaciones importantes : La clase trabajadora que estaba integrada mayoritariamente por trabajadores manuales de la minería , la industria y el campo, se ha abierto a una nueva clase trabajadora , integrada por un sector de trabajadores manuales e incorporando a cientos de miles de trabajadores del comercio , la banca  y el sector financiero que integran además a empleados públicos y privados del sector técnico -profesional , que constituyen la base de las llamadas capas medias  chilena.
Con estos antecedentes previos, repito la  pregunta :¿es posible recuperar el partido para el socialismo?.
Suponiendo que aceptamos que el PS puede servir de base para el gran cambio en la política chilena y para reemprender la verdadera lucha por el socialismo .Que ese cambio en el PS es una tarea  que abarcará a más de una generación y que  implica grandes  transformaciones dirigidas a la nueva militancia y a los aspectos programáticos a acordar hacia el futuro. Que  nosotros sólo podemos y estaríamos comprometidos  a iniciar este período de profundas transformaciones partidarias.
Invito a los compañeros interesados en participar en los debates previos al Congreso Nacional de los socialistas, a dar su opinión sobre estos temas utilizando esta tribuna
virtual que ofrece la red congreso_PS.
Tengo mi propia opinión, pero haciendo uso del privilegio de ser  el militante de más edad en esta red, la voy a dar a continuación de Uds.(sólo don Manuel Almeyda es un par de años mayor)
Saludos fraternales de
Tito Benado

PREGUNTAS FORMULADAS POR ERNESTO BENADO. Por Héctor Vega

Bajo el título “Preguntas a mis compañeros” el compañero Ernesto Benado ha sintetizado al final de su escrito lo que a todas luces es su objetivo final.
Benado pregunta: “¿es posible recuperar el partido para el socialismo?” En un párrafo anterior argumenta acerca de “la incapacidad del Partido Socialista de señalar un modelo alternativo de sociedad que cumpla con los ideales socialistas de igualdad de oportunidades, eliminación de las diferencias de clases sociales, un modelo exitoso de economía productiva y distributiva, que asegure el crecimiento y la modernidad de la vida social asegurando una importante dosis de felicidad para cada ser humano”.
Siempre he pensado que los partidos políticos corresponden a la estructura de clases de la sociedad, asímismo sus alianzas, su existencia y su desarrollo –fin último de la búsqueda de Benado. Por eso me parece importante el párrafo del compañero Benado donde caracteriza la composición de clases del Chile de hoy, visión, que a mi juicio, con perspectiva histórica, merece ciertas precisiones.
Benado escribe: “Finalmente, hay que aceptar que la composición social en Chile ha sufrido modificaciones importantes: La clase trabajadora que estaba integrada mayoritariamente por trabajadores manuales de la minería,  la industria y el campo, se ha abierto a una nueva clase trabajadora , integrada por un sector de trabajadores manuales e incorporando a cientos de miles de trabajadores del comercio, la banca y el sector financiero que integran además a empleados públicos y privados del sector técnico -profesional , que constituyen la base de las llamadas capas medias chilena”.
Sin un análisis de las clases dominantes y su inserción en el desarrollo del capitalismo mundial, el significado de la clase trabajadora en la evolución política del país queda trunco. La Unidad Popular coincide con la apertura de los mercados globales de capital en su versión propia a la segunda mitad del siglo XX y específicamente con el desarrollo del mercado de eurodólares y posteriormente los petrodólares. Ello coincide con nuevas alineaciones de poder en el conjunto de la sociedad y la economía. Es la crisis internacional que Nixon devela en junio de 1971 cuando declara la inconvertibilidad del dólar y con ello el fin de Bretton Woods y de las tasas fijas de cambio. Socialmente en Chile es el fin de la oligarquía agraria y minera de fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, sustituida por la clase administradora de la renta financiera con un papel estratégico en el proyecto de poder de las burguesías locales aliadas a la gran burguesía transnacional. Veinte años más tarde, durante la consolidación del modelo neoliberal, desaparece la oligarquía como clase y con ella una clase media pauperizada. La clase media de los gobiernos radicales, de Jorge Alessandri y de Frei Montalva (1940 a 1970), con una base social de apoyo proletarizada, presta a embarcarse en proyectos de poder circunstanciales, ocupa una función negociadora que desaparece con el desarrollo de la renta financiera y los capitales transnacionales. La ascensión y logro social de sectores de bajos ingresos conforma, hoy, una masa, un contrapoder social que nada tiene que ver con la antigua clase media y su base social popular de apoyo, en su versión reconocida durante los 30 años que precedieron la Unidad Popular. Señalemos finalmente que sin una estructura social y de poder de recambio, el cuestionamiento fundamental a la política que significó la Unidad Popular naufragó en un vacío de poder.
La antigua clase media, forma parte, hoy, junto con sectores de bajos ingresos, en ascenso y logro social continuo, de un contrapoder social –trabajadores urbanos y rurales, temporeros, empleados, profesionales,  pequeños industriales y agricultores, profesores, estudiantes, dueñas de casa, pueblos originarios empobrecidos, artesanos urbanos, minifundistas, pirquineros, pescadores artesanales, inmigrantes, pobres del campo y la ciudad…– alejado de aspiraciones de poder, políticamente neutralizado frente a la burguesía local aliada a la burguesía transnacional en el convencimiento que su eventual disidencia tendrá destino dentro del sistema. Las Fuerzas Armadas, en su rol corporativo forman parte de la burocracia estatal…ello sin excluir alguna intervención (aventura) futura.
Los partidos de la Concertación y la Alianza se han repartido sus roles por dos décadas según el plan político de Jaime Guzmán, consagrado en el plebiscito del 30 de julio de 1989. Esta nueva clase política representa a una clase dominante que busca consolidar su inserción en el mercado global. Su origen son las privatizaciones del régimen, la apropiación y manejo de la renta financiera en las AFP, las nuevas leyes impositivas (fundamentalmente el impuesto a la renta retención y crédito), la Ley Orgánica Constitucional de Concesiones Mineras (y su base jurídica de concesión plena y apropiación de los yacimientos cupríferos por las transnacionales), el DL 600 de inversiones extranjeras (base jurídica de la inversión transnacional). La clase política es garante del sistema. En lo fundamental su función es neutralizar la política, ordenar los actores, constituirse en protector de esa masa informe de aspiraciones que anida el contrapoder social, como lo fueron las FFAA con respecto a la clase media cuando ésta se vio confrontada a la decadencia del poder hegemónico de las oligarquías. La Concertación cumplió parte de su empeño cuando llamó a la ciudadanía a votar favorablemente el plebiscito de julio de 1989. La masa confiada en la recomendación cumplió con su cometido y votó por un 91,25% a favor de la Constitución acordada con el pinochetismo.
¿Cómo entonces confiar en un Partido Socialista, en hombres y mujeres, que en 20 años de gobierno institucionalizaron la práctica política del pinochetismo? Puesto que para ello era necesario dejar de ser socialista. Trámite que oficializaron mediante el plebiscito de 1989. Esta traición impide confiar en su papel de epónimos de “un modelo alternativo de sociedad que cumpla con los ideales socialistas de igualdad de oportunidades, eliminación de las diferencias de clases sociales, un modelo exitoso de economía productiva y distributiva, que asegure el crecimiento y la modernidad de la vida social asegurando una importante dosis de felicidad para cada ser humano (Benado)”.
No puedo confiar en hombres y mujeres que tan ligeramente alienaron el futuro de un proyecto popular. Es más, la crisis que hoy contemplamos en el mundo con millones de ciudadanos protestando en las principales ciudades de Europa, precisamente contra el modelo que Alianza y Concertación nos recetaron en 1989, nos obliga a repensar ideas, utopías, símbolos, alianzas…y confianzas.


Estimado compañero Héctor ,
Si te entiendo bien , aunque no lo dices textualmente, tu opinas que el PS es irrecuperable para el socialismo
y que la batalla en su seno es una pérdida de tiempo . Asumo que si quieres seguir luchando buscarás otra
tienda política.
Agradezco la síntesis de mis argumentos con los cuales no noto ninguna diferencia sustantiva, sólo
tu absoluta desconfianza hacia los que condujeron el proceso en los últimos 20 años.
Un abrazo fraternal
Tito Benado
RESPUESTA AL COMPAÑERO ERNESTO BENADO. Por Héctor Vega
Muy estimado Ernesto,
Así es. Pienso que el PS es irrecuperable para el socialismo. El pasado del grupo que hoy dirige el Partido Socialista impide siquiera pensar en un programa socialista. Habiendo acordado con el pinochetismo en 1989 la Reforma a la Constitución de 1980 los dirigentes del partido de la época clausuraron la vía democrática y se embarcaron en la institucionalización del pinochetismo.
Esta operación fue planeada luego que el PRODEN el 4 de septiembre de 1983 organizara la primera manifestación masiva contra la dictadura en la Avenida General Velásquez donde concurrieron más de 120 mil personas. El PRODEN, estaba dirigido por Jorge Lavandero, Fabiola Letelier, Mario Insunza, Engelberto Frías, Diego Portales, Sergio Páez, Jaime Hales, Matilde Urrutia, Carlos Dupré, Sergio Arellano, José Monares, Mario Farías, Gonzalo Taborga. Algunos de éstos eran militantes demócrata cristianos –Dupré, Páez y Monares– quienes fueron compelidos por la directiva DC a renunciar al PRODEN – temían que el conjunto de organizaciones sociales –más de 200– y políticas que lo formaban le hiciera sombra a la recientemente formada Alianza Democrática. El PRODEN entendía que sin consolidar los espacios democráticos en ese momento, cualquiera negociación sería irrelevante y se prestaría para engaños, subterfugios y manipulaciones de Pinochet. El fortalecimiento de las organizaciones sociales –exigencia fundamental del PRODEN– era la única garantía posible que los acuerdos fueran respetados. En cambio, la Alianza Democrática eligió la vía cupular y se entró de esa manera en la lógica de la transición concebida por Jaime Guzmán. De allí surge el sistema electoral binominal, donde la derecha, históricamente minoritaria, hace valer el tercio del electorado por un 50%, el mismo 50% que el centro y la izquierda obtiene con dos tercios del electorado; el Consejo de Seguridad Nacional (importado del bordaberrismo uruguayo); el carácter garante de la constitucionalidad de las FFAA; las leyes orgánicas constitucionales relativas al cobre y a la educación, el sistema de AFP, el sistema tributario y el DFL 600 de inversiones extranjeras. Es la fórmula que les ha permitido a Alianza y Concertación, administrar conjuntamente el poder durante estos 20 años, con exclusión de toda otra fuerza social.
Ya constituido como partido de gobierno el Partido Socialista, junto con el resto de los partidos de la Concertación negó al pueblo la posibilidad de expresar su voluntad mediante la consulta plebiscitaria prevista en el Art. 5° de la Constitución de 1980. Durante Pinochet el pueblo, de diferentes maneras fue consultado en cuatro ocasiones, incluyendo la fraudulenta Consulta Nacional de 1978; el plebiscito para la aprobación de la Constitución de 1980; el plebiscito de 1988 (SI o NO) y finalmente el plebiscito de 1989 para aprobar la reforma a la Constitución de 1980. Gráficamente es apropiado decir que tiraron la escala para que el resto no subiera.
En los 20 años que siguieron, los socialistas Lagos y Bachelet, perfeccionaron y aplicaron sin contemplaciones la ley antiterrorista de Pinochet. Los gobiernos de la Concertación, con la activa colaboración del PS, desnacionalizaron el cobre; parlamentarios socialistas votaron favorablemente el “royalty” de Piñera; la directiva socialista condenó mediante sus votos en el parlamento al gobierno de Chávez con motivo de las elecciones del 26 de septiembre; contribuyeron mediante sus votos en el Congreso a la especulación de la renta financiera llevada a cabo por las AFP y a la ley procesal penal, redactada en el gobierno de Lagos por la ONG Paz Ciudadana de Agustín Edwards. Con sus votos han contribuido a la invariabilidad tributaria y al llamado royalty (simple impuesto a la renta bis). Han guardado silencio cuando se atenta contra el Estado Docente y la carrera profesional docente. Nada han dicho cuando se ha ignorado el principio sindical básico que “el salario se fija según la función que se realiza”. El partido ha sido incapaz de impulsar una política exterior destinada a resolver el problema de la mediterraneidad de Bolivia. Al igual que el resto de los partidos de la Concertación confundió la política exterior con la firma de tratados de libre comercio a troche y moche, etcétera, etcétera…
El poder corrompió a la izquierda y destruyó el Partido Socialista. No creo que los mismos que enterraron el partido estén dispuestos a soltar el poder y romper con lo que ya se transformó en una forma de vida. La prueba está en que las resoluciones que buscaban democratizar el partido en el Congreso de Concepción fueron enterradas y olvidadas. Volver al mismo ejercicio me parece una ingenuidad.
Los que retomaron el poder en 1990, son los mismos que no entendieron el desafío que planteó Allende en la política chilena. Allende lo dice claramente en su Segundo Mensaje Presidencial cuando dirigiéndose al país expresa que el gran desafío político del período es que las instituciones de la República sean capaces de contener, en democracia, las grandes transformaciones sociales y políticas que el gobierno de la Unidad Popular proponía al pueblo de Chile. De allí surgen las propuestas centrales del Área de Propiedad Social, la Reforma Agraria y la Nacionalización del cobre. Volver con los mismos personajes que tuvieron 16 años y 6 meses para entender y enmendar sus errores y no lo lograron, me parece que no corresponde.
Uno de los errores más notables es no haber entendido que la magnitud de las propuestas exigía la incorporación masiva de los trabajadores al programa de la UP. En 1970, la fuerza trabajadora se cifraba en 2 millones 982.670 trabajadores, de los cuales 392 mil 323 correspondía al sector moderno e intermedio de la economía, sectores en su mayoría monopólicos, con una masa trabajadora participante de la negociación del status quo social con las clases dominantes de la sociedad. 1 millón 338.736 trabajadores de la masa trabajadora pertenecía a sectores tradicionales de la economía, talleres artesanales, pirquineros, inquilinos, campesinos temporeros, mano de obra esencialmente precaria, minifundistas…todos los cuales no participaban en la negociación social, y por ende no entraban directamente en los beneficios del programa. A ese contingente habría que sumar 600 mil trabajadores sub-empleados, desempleados disfrazados. En resumen aquellos que quedaban fuera del Programa sumaban 1 millón 938 mil 736 trabajadores, es decir 65% de la fuerza de trabajo. Agreguemos que a fines de 1970 ODEPLAN estimaba en 150 mil trabajadores los que buscaban empleo por primera vez y en 260 mil los desempleados. En aquella época la oligarquía nacional de base agraria había desaparecido desde sus bases de poder y la composición de clase de la sociedad chilena correspondía a una clase dominante urbana que sentaba las bases de la administración de la renta financiera donde ya no cabía la negociación social anterior a 1970. El ejército en sus múltiples intervenciones del siglo XX (1924, 1925, 1929, el Ariostazo de 1939, el tacnazo de 1969, el fallido intento del coronel Souper y finalmente el golpe de 1973) demuestra el ensanchamiento de la base productiva urbana, los nuevos manejos de la renta financiera y su carácter de estrato social protector de la clase media en el momento en que ésta se ve confrontada a la decadencia del poder hegemónico de las oligarquías.
(Un estudioso de la sociedad chilena -Alain Joxe autor de "Las Fuerzas Armadas en el sistema político de Chile". Editorial Universitaria, 1969- señala la consistencia del protectorado de clases en la Inglaterra del siglo XIX, ejercido por la Aristocracia; situación que en Francia ejerce la burocracia monárquica en la época de la Restauración).
Así como en la época de la Unidad Popular la izquierda no entendió la correspondencia entre la base económica en transformación y las clases sociales, que exigía la incorporación masiva de los trabajadores, tampoco ahora, y particularmente el Partido Socialista, entiende las exigencias de democratización de ese enorme contingente social representado por un contrapoder multiclasista, donde las capas medias ya no juegan el papel que jugaron en los 30 años que precedieron la Unidad Popular.
La lectura que desde el gobierno de la derecha y los empresarios hace Piñera, en casi 8 meses de gobierno, es la del populismo, que en su fase actual significa ponerse a la cabeza de la demanda de decisiones del contrapoder social. Es decir, a su manera, llenará los espacios que los partidos de la Concertación no vieron o no quisieron ver en 20 años de gobierno.
Ernesto, mi opinión, la que expongo ahora y ya hace muchos años, ha sido compartida por un gran número de militantes. No es un acto individual, ni nunca ha pretendido serlo. Es más, se ha traducido en un programa que sistemáticamente ha sido dado a conocer a través de las páginas de Fortín Mapocho (edición electrónica www.fortinmapocho.com ) y en sucesivas visitas a provincia. Por eso pienso que quienes tenemos un pensamiento crítico debemos aunar fuerzas y buscar el escenario propio a ideas y objetivos comunes. Es a mi juicio lo que corresponde al pueblo socialista que desde hace 20 años busca denodadamente nuevos espacios democráticos. Es el momento de unir fuerzas en el sitio que corresponde.
Un fuerte abrazo. Héctor