miércoles, 23 de octubre de 2013

Campaña No más archivos secretos


A 40 años del golpe de estado y de dos décadas de gobiernos civiles hay archivos que se mantienen en secreto.

Entre los desafíos que interpelan a Londres 38, ex centro de detención, tortura y exterminio, en el marco de los 40 años del golpe de estado cívico militar, se encuentra relevar la importancia del derecho al libre acceso a la información y a los archivos para la defensa de los derechos humanos, así como para los derechos civiles en general.

En Chile hay archivos secretos...   Y hay que abrirlos

La falta de información atenta contra los derechos democráticos. Y si ésta se refiere a crímenes y violaciones a los derechos humanos, favorece  la impunidad.

En el marco de los 40 años del golpe de estado cívico militar, Londres 38, ex centro de detención, tortura y exterminio, busca relevar la importancia del derecho al libre acceso a la información y a los archivos para la plena vigencia de los derechos humanos, y de  los derechos civiles en general.

El secreto es antidemocrático y entorpece los procesos de verdad y justicia, perpetuando la impunidad de los culpables. Por ello, en casos de graves violaciones a los derechos humanos, el Estado tiene la obligación de entregar toda la información disponible, y no puede  ampararse en la sola afirmación de la inexistencia de los documentos solicitados, o en restricciones de acceso, como son la privacidad de las personas o la seguridad nacional, causales habituales de reserva para negar el acceso.

A fin de hacer efectivo el derecho al libre acceso a la información en poder de los órganos de la administración del Estado, para alcanzar  la verdad y la justicia, hasta ahora negadas, desde Londres 38, espacio de memorias, exigimos la desclasificación y apertura de los siguientes archivos:

Archivos de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Rettig) y de las dos Comisiones sobre Prisión Política y Tortura (Valech) que reúnen declaraciones de las propias víctimas y diversos documentos, a los cuales se les impuso arbitrariamente 50 años de secreto a pesar de ser información necesaria para esclarecer lo sucedido, hacer justicia y castigar  a los culpables.

Archivos de la ex Colonia Dignidad  incautados en 2005
,  que podrían ser claves para develar casos de graves violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Se trata de miles de documentos y  fichas producidas por esta organización criminal y que, amparándose en la Ley de Inteligencia Nacional, han sido calificadas como "secreto de Estado"   por el juez Jorge Zepeda.

Archivos aun en poder de las fuerzas armadas, policiales y de inteligencia.
  Considerando el tiempo transcurrido y que estos organismos construyeron archivos y produjeron gran cantidad de información, demandamos al Estado su desclasificación  y, en caso de haber sido destruidos, dar a conocer los elementos que lo acreditan.
Una democracia se mide por la posibilidad que las personas tienen de participar efectivamente en la toma de decisiones, pero su participación depende en buena medida de la información con la que cuentan. Es por ello que el libre acceso a la información es un principio democrático fundamental, inherente al derecho a la información y a la libertad de expresión. 

La cultura del secreto en los poderes de Estado es una herencia de la dictadura que debe erradicarse.
Firma la petición diciendo NO MÁS ARCHIVOS SECRETOS. Haremos llegar nuestras firmas a los órganos de la administración del Estado y con ello exigiremos la desclasificación y apertura de archivos.


viernes, 13 de septiembre de 2013

El Ateneo de Madrid, repleto en el homenaje a Salvador Allende


Salvador-Allende
“No esperábamos que fuera a llenarse de esta manera. Las cifras redondas siempre convocan a más gente, pero no hasta este punto“, decían los responsables del Ateneo de Madrid. Y es que el salón de actos estaba abarrotado de gente que asistió al homenaje a Allende en el 40 aniversario de su muerte, que estuvo organizado por varias asociaciones chilenas. En el acto, conducido por el periodista José Manuel Martín Medem, participaron Comisiones Obreras, UGT, Jesús Caldera, como representante del PSOE, y Cayo Lara por Izquierda Unida. Sin embargo, fueron las intervenciones del antiguo rector de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Berzosa, y la del sociólogo y escritor chileno Marcos Roitman las más aplaudidas por el público por ser las más comprometidas y las más críticas con la realidad del golpe.
Berzosa destacó la similitud de las consecuencias que tuvo en Chile el neoliberalismo impuesto a partir de la dictadura de Pinochet con las de la sociedad española actual. “Desigualdad, concentración de la riqueza, pérdida de derechos… esta es una experiencia que surgió en la dictaduras latinoamericanas bajo el mandato de los señores de las finanzas y que estamos repitiendo hoy aquí“ . También quiso destacar que, a pesar de las diversas lecturas que se han hecho del golpe de Estado, la más acertada fue la de Pedro Vuskovic en su libro “Acusación al Imperialismo“. “No hay otra explicación posible al golpe de Estado chileno que el dominio estadounidense para satisfacer sus intereses. Este es uno de esos libros que hay que releer y no dejar de tener presente nunca“.
Marcos Roitman fue el encargado de cerrar el homenaje. A pesar de que el auditorio estaba cansado, después de las casi dos horas que llevaban en el acto, fue capaz de volver a revitalizarlo con un discurso que señaló culpables y reivindicó la importancia de preservar la memoria, por encima del olvido y del perdón. “Hubo más de mil quinientos centros de tortura en Chile. Los cuerpos fueron violados, la gente fue torturada, pero el pueblo chileno nunca perdió la dignidad“, explicó.
Roitman también leyó las palabras que le dedicó el ministro de Exteriores de Bachelet al dictador chileno. “Pinochet tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización“. Con su concepto de economía, “hizo una incorporación histórica al país y ha cambiado el modo de vida de los chilenos para bien. Este hecho sitúa a Pinochet en un alto lugar dentro de la Historia de Chile“. También denunció las palabras del director del diario El Mercurio que, en defensa de la amnistía, esgrimió que “no podemos estar contando muertos toda la vida“. Dos actitudes que le sirvieron a Roitman para recordar que “este es el Chile del siglo XXI“, un país aún dominado en parte por cómplices o afines a los genocidas chilenos.
Uno de los momentos más emocionantes del acto tuvo lugar cuando Martín Medem leyó el último mensaje radiado que Allende lanzó a su pueblo cuando ya sabía que iba a morir. “Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición“. Este párrafo final del discurso del presidente provocó que el auditorio se pusiera en pie entre aplausos, lágrimas y gritos de “Viva Chile, Viva Allende“ durante alrededor de cinco minutos.
Chile hoy
La Asociación de chilenos y chilenas Violeta Parra era una de las organizadoras de este homenaje. Su presidente, Marcos Susarte, explicó a La Marea cuál era la situación actual de Chile respecto al proceso de justicia y verdad. “Recién ahora esta saliendo en Chile una verdad que se oculto al país durante 40 años, incluso con los gobiernos en democracia. Los medios han entregado ahora la otra visión y se ha creado la sensación en el pueblo de haber estado sometido a una gran mentira“, explicaba.
En la misma línea de lo denunciado por Berzosa y Roitman, Susarte considera que “los principales instigadores del golpe de Estado en Chile fueron Nixon y Kissinger y el gobierno estadounidense de la época“. También recalcó que “no hubieran podido llevarlo a cabo sin la complicidad de la aristocracia que forjó a los patrones que existen hoy día en Chile, y que son los únicos beneficiados de todo este sistema neoliberal que se instauró. Y por supuesto las transnacionales, que ha vaciado nuestro país y han sacado riquezas como nunca“. A pesar de que considera que Estados Unidos debería formar parte del proceso de restitución de la memoria y la justicia en toda Latinoamérica, es consciente de que “no tenemos como procesar a una nación capaz de intervenir en cualquier parte del mundo sin darle explicaciones a nadie, ni siquiera a la ONU, que es donde se deberían consensuar las decisiones de ámbito internacional“.
Tanto Susarte como el presidente de la Casa Chile en Madrid, Gabriel Ávila, consideran que Michelle Bachelet es la opción menos ante las próximas elecciones chilenas, el 17 de noviembre. Ambos denuncian que, durante el tiempo que estuvo en el poder, no fue capaz de cambiar la Constitución que rige el país, y que fue impuesta por Pinochet en 1980, así como tampoco el modelo neoliberal que se forjó durante la dictadura. Sin embargo, ahora parece que se ha comprometido públicamente a modificar es sistema que aún hoy sigue sin convencer a los chilenos.
Sin embargo, Ávila, insiste en la desconfianza que esta promesa de cambio le suscita. “Mientras seamos empleados del capitalismo, no solo estadounidense sino también europeo, mientras sean sus empresas las que impongan los sistemas de producción y las condiciones de explotación, va a ser imposible que los cambios sean profundos“. Y, aunque cree que a los chilenos les gustaría protagonizar un viraje económico similar al que ya encabezaron Ecuador, Bolivia o Venezuela, tampoco cree que vaya a hacerse realidad a corto plazo. “Las heridas del golpe de Estado y del asesinato de Allende aún no han cicatrizado. La gente se quedó con el miedo de volver a caminar por una calle y ver gente muerta, de saber que un amigo esta desaparecido o que lo han visto flotando en un río. No creo que, de momento, nadie atreva todavía a reivindicar este cambio de sistema“.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Los entierros de Salvador Allende

Oscar Soto Guzmán, el que fuera médico personal de Allende, ofrece en exclusiva para nuevatribuna.es este artículo en el que de forma somera relata los acontecimientos que siguieron a la muerte del presidente chileno y a la confirmación, casi cuarenta años después, de que se trató de un suicidio. Autor del libro 'Allende en el recuerdo', Soto fue testigo del primer funeral ‘oficial’ que se celebró en Chile tras la dictadura y participó en la exhumación realizada en 2011 que despejó todas las dudas.


El día 14 de mayo del 2013, la Corte de Apelaciones de Santiago ratificó la resolución del ministro en visita Mario Carreño, que señaló que Salvador Allende Gossens se había suicidado el 11 de septiembre de 1973 en el Palacio Presidencial de la Moneda, de Santiago. No hubo intervención de terceros.

Comenzamos este relato por el final, porque en los casi cuarenta años que median entre ambos acontecimientos, incontables opiniones, afirmaciones, enfáticas declaraciones, acusaciones de culpabilidad y disparatadas cuestiones, no menores, enturbiaron la realidad, poniendo en duda las iniciales afirmaciones de quienes estuvimos junto al Presidente hasta sus últimos momentos.

El 11 de septiembre de 1973, a las 14:10 horas, minutos más o minutos menos, yo subí las escaleras de Morande 80; el Presidente me emplazó en los siguientes términos: “Doctor, que pasa”. Mi respuesta fue: “Presidente, los militares han tomado la primera planta del Palacio y nos dan 10 minutos que bajemos y nos rindamos”. El Presidente, que se encontraba, en la segunda planta, en un rellano donde la escalera terminaba, acompañado de su guardia personal y otros profesionales y asesores, dijo con expresión categórica: “Bajen en fila india, yo bajaré el último”. Así ocurrió. Aprovechando su situación de último de la fila. El Presidente se desplazó al salón Independencia, con la puerta entreabierta al pasillo, se sentó en un sillón y se disparó. Un par de médicos que eran los últimos tuvieron la sospecha, la sensación de lo que ocurría, pero el Dr. Patricio Guijón, que abandonó la fila y retrocedió, en busca de una máscara anti-gas que habíamos abandonado, alcanzó a visualizar la escena. Entró al salón Independencia y observó el cuerpo del Presidente con el cráneo destrozado, la metralleta entre sus piernas y el cuerpo semiinclinado. Guijón se sentó en una silla y esperó la llegada de un grupo de militares, encabezados por el General Javier Palacios que había dirigido las operaciones militares de toma de la Moneda. Es importante, para valorar opiniones posteriores, de singular significación, que durante todos estos minutos, ninguna persona civil o militar, chileno o extranjero, había subido a la segunda planta donde murió el Presidente. Testigo fundamental, el Dr. Guijón fue detenido y posteriormente enviado al Campo de Concentración de la Isla Dawson en el extremo Sur del país. El 21 de diciembre, en libertad con orden de arraigo, Guijón relató: “Vi una puerta y me asomé instintivamente. En ese preciso instante vi que el presidente, sentado en un sofá, se disparaba con una metralleta que tenía entre las piernas. Yo lo vi pero no lo sentí. Vi el sacudón de su cuerpo y como volaba la bóveda craneana".

Por la tarde se realiza un estudio balístico y forense del Servicio de Investigaciones y en la noche, en el recinto del Hospital Militar, con la presencia de los 4 jefes de los Servicios Médicos del Ejército, Marina, Aviación y Carabineros, se practica la autopsia y la reconstrucción de la cara. Este estudio Antomo-forense fue realizado por el Dr.Tomás Tobar Director del Instituto Médico-Legal de Santiago. Ambos estudios concluyeron que la muerte fue ocasionada por disparo, probablemente suicida. El informe técnico de Investigaciones no descarta la posibilidad de dos disparos hechos con la misma arma...

Al día siguiente, 12 de septiembre, por la mañana la viuda Hortensia Bussi, algunos familiares, acompañados del Edecán Aéreo del Presidente, Comandante Roberto Sánchez, viajaron con el ataúd, en un helicóptero para enterrar el supuesto cadáver de Allende en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, en la tumba de la familia Grove-Allende. Hortensia Bussi, en ausencia de otras personas dijo: “Se entierra aquí al Presidente Constitucional de Chile”. Arrojó sobre la tumba algunas flores que había recogido en el entorno.

Transcurridos los largos años de dictadura pinochetista, en marzo de 1990 asumió la Presidencia de Chile, Patricio Aylwin. La Fundación chilena Salvador Allende, la familia del expresidente y sus allegados, organizaron el funeral que llamaron “oficial” para realizarlo el 4 de septiembre de 1990. Naturalmente contó con todo el apoyo del gobierno entrante. Se realizó por la noche, cumpliendo todas las disposiciones legales, la exhumación del cadáver en la tumba del Cementerio Santa Inés de Viña del Mar. José Antonio Guardiola, excelente documentalista de Televisión española, filmó sus aspectos más importantes. Allí apreciamos como un médico de confianza de la familia bajaba al hoyo donde se encontraban los restos y afirmaba que“efectivamente eran los que correspondían al Presidente Allende”. En la mañana del 4 de septiembre se realizó al borde de la tumba una ceremonia en que participaron su hijaIsabel Allende y el Secretario General del Partido Socialista de Chile Jorge Arrate. Un cortejo que avanzó rápidamente trasladó esos restos desde el cementerio a la Catedral de Santiago. Muchos fuimos sorprendidos porque la velocidad de los coches y del furgón funerario impidió el homenaje que miles de ciudadanos querían rendir a su Presidente y que desde la madrugada se habían instalado al borde de la carretera. Sólo hubo una transitoria detención en Santiago, en la calle Morande Nº 80, por donde habían sido sacados los defensores del Palacio el 11 de septiembre de 1973. Entre Viña del Mar y Santiago, hay alrededor de 100 Km de distancia.

En la Catedral, el Arzobispo de Santiago, Monseñor Carlos Oviedo Cavada, despidió los restos de Allende, que tuvo que señalar que el 3 de noviembre de 1973, en esa Catedral, el Presidente Allende, participó en una ceremonia ecuménica y no exclusiva de la Iglesia católica. Además gran parte de su discurso estuvo dedicado a la religiosidad de la madre del Presidente Allende. Éste, como todo el mundo sabía, era masón.

Antes de enterrarlo en el Mausoleo familiar del Cementerio General de Santiago,Clodomiro Almeyda, Michel Rocard, Patricio Aylwin y Hortensia Bussi, se dirigieron a los miles de personas que estábamos en esa ceremonia. El discurso de Aylwin, Presidente de Chile, fue varias veces interrumpido por pifias de la multitud al señalar que “si estuviera en las mismas circunstancias de 1973, su conducta sería la misma”.

Este funeral, llamado oficial, no contó con el homenaje Constitucional que las fuerzas armadas deben a los Presidentes electos. Augusto Pinochet era todavía el Comandante en Jefe del Ejército. Dos días antes, el ideólogo de la dictadura, Jaime Guzmán, había escrito en el diario “La Tercera”:

“El respeto a los muertos es patrimonio de toda cultura civilizada. Ello deberá manifestarse con motivo del traslado a Santiago de los restos del expresidente Allende. Sin embargo resulta ostensible el intento del allendismo de convertir esta ceremonia en un homenaje político a quien fuera su abanderado… No son los funerales del expresidente Allende, sino el traslado de sus restos desde Valparaíso a Santiago. Aquí no nos encontramos frente a un funeral de Estado que se verifique para sepultar a un expresidente de la República. Ello ya se hizo en su oportunidad”.

Todos los ciudadanos podemos tener nuestra propia opinión. Pero la inoportunidad de realizar esta ceremonia, recién restablecida la democracia; con Aylwin como Presidente, que había tenido una gran responsabilidad como Jefe del PDC en crear las condiciones sociales propicias al golpe militar en 1973, era sangrante para el allendismo. Además, no aprovechar la exhumación del cadáver para hacer un riguroso estudio médico forense, fue una omisión que se siguió pagando. La Fundación Salvador Allende editó un hermoso libro llamado “Por la Paz de Chile”, pero los hechos posteriores demostrarían que eso era un espejismo.

Desde el mismo 11 de septiembre de 1973, la versión del suicidio de Allende fue cuestionada, básicamente porque era también la versión de la Junta Militar golpista, y su autopsia había sido realizada en condiciones de clandestinidad y supervisada por profesionales que eran miembros de las fuerzas armadas chilenas.

En septiembre de 1973, Fidel Castro, en 1974 Gabriel García Márquez, en 1982Eugene Propper y Taylor Branch, entre los más significativos, dijeron o escribieron relatos falsos e inverosímiles sobre la muerte de Allende. En Chile la rumorología crecía y algún legista reanalizaba el informe médico primitivo y descubría“otros disparos de armas diferentes”. Incluso algún sector del partido Socialista chileno, y algún periodista con ánimo sensacionalista, hablaba de “acuerdos” entre los médicos y la Junta Militar para coincidir en una falsa versión y “salvar el pellejo” como vulgarmente se dice.

Todo este ambiente enrarecido, con versiones pasionales no objetivas, fue recogido por primera vez en 38 años por la fiscal Beatriz Pedrais, que lo planteó en la Corte de Apelaciones de Santiago. Este alto organismo del Ministerio de Justicia chileno designó al Ministro Mario Carroza para que investigara la causa de la muerte de Allende y de otros 725 casos de chilenos sin destino conocido.

La familia Allende accedió a la exhumación, sus hijas Carmen Paz e Isabel y su nietaMarcia Tambutti, dieron muestras de sangre para estudio del ADN. El 23 de mayo del 2011 se realizó la exhumación de los restos desde la tumba del Cementerio General de Santiago. El gobierno chileno puso los recursos para que un selecto grupo de científicos, de diversas nacionalidades, se reunieran en Santiago y dieran su veredicto.

Coordinados y dirigidos por el Dr. Patricio Bustos Streeter, Director del Servicio Médico Legal, los expertos chilenos Marisol Intriago, encargada de la Unidad de Identificación Forense, el Dr. Germán Tapia , médico legista, el Dr. Edgar Rueda Guevara, Odontólogo forense, Ángel Medina, antropólogo físico, Isabel Martínez, arqueóloga, el fotógrafo forense Agustín Hernández, se unieron a los peritos extranjeros Dr. Francisco Etxeberría Gabilondo, forense español, Dr. Douglas Ubelaker, antropólogo físico estadounidense, Mary Luz Morales, patóloga forense colombiana, David Pryor, perito balístico inglés y Luis Fonderbrider, antropólogo forense argentino y alto comisionado de la ONU en misiones humanitarias. No fue necesario esperar los resultados del ADN enviados a Suiza, porque yo aporté un estudio odontológico realizado a Allende en 1971, que permitió identificar los restos del cadáver con los del Presidente.

En la segunda quincena de julio del 2011, el Director del Servicio Médico Legal, el Ministro Mario Carroza y la Comisión de Expertos entregó su informe definitivo. Causa de la muerte: Lesión perforante de la cabeza por proyectil de arma de fuego de alta velocidad a contacto. Muerte instantánea (síndrome de corazón vacío). Forma médico legal de la muerte: Suicidio. Ausencia de otros traumas. Ausencia de signos de lucha. Consistencia balística- SS- balística 1973 con peritajes 2011.

En la Conferencia de prensa en que se dio a conocer el resultado con importante apoyo documental y fotográfico, David Pryor, perito balístico británico afirmó que el arma que Allende apoyó bajo su mentón para dispararse era un rifle AK-47, regalo deFidel Castro a Allende en 1971.

¿Han sido superadas las dudas? Sí, para quienes buscan la verdad en testigos, estudios científicos y disposición personal de Allende.

No, para quienes buscan la desinformación, el sensacionalismo, las media-verdades y un protagonismo que los propios hechos desmienten.

martes, 3 de septiembre de 2013

Ni Colorín ni Colorado. El desgarrador poema del afamado Mario Benedetti que refleja a los bebés robados en las dictaduras de América Latina

Por Oscar Reyes P.

En 1976, dos niños uruguayos fueron secuestrados junto a sus padres en Buenos Aires por militares argentinos. Los padres de Anatole y Eva Lucía (foto reciente) de dos y cuatro años, fueron asesinados:

Roger Julian (el papá) en el mismo operativo represivo y Victoria Grisonas, (la mamá) en un lugar de exterminio en Buenos Aires.
Ambos niños quedaron huérfanos.

Por ese brutal "intercambio" de bebés robados de las dictaduras del cono Sur de América, los pequeños Anatole y Eva, llegaron a Chile. A Valparaíso.

A vivir a la casa de un marino o militar, cuya esposa no podía tener hijos.

Pero la mujer  del uniformado -aún desconocida- no los quiso adoptar en forma irregular, porque "estaban muy crecidos" y los botaron y abandonaron en una plaza de Valparaíso. Un auto con los vidrios polarizados los dejó en la Plaza O´Higgins del puerto.

Luego de deambular en plena dictadura por centros de menores, ambos niños fueron adoptados en forma legal y normal por un médico y su esposa que no tenían relación con la dictadura chilena.

Anatole hoy es abogado y fiscal en la Quinta Región y su hermana, Eva es sicóloga.

Ambos, en Uruguay y Argentina son personas de renombre. Sus abuelas los encontraron y les pidieron volver a Uruguay. Pero ellos decidieron seguir en Chile y vivir en nuestro país.

El afamado poeta Mario Benedetti les dedicó esta poema. Se llama "ni Colorín ni Colorado":

Fue en Valparaíso donde reaparecieron
en pleno año internacional del niño
por fin sanos y salvos
con escasa y suficiente memoria

Eva Lucía y Anatole
niños del siglo veinte
habían mediado las naciones unidas
y fotógrafos, embajadas, arzobispos
y una vez confirmadas las identidades
y obtenido el aval indispensable
de burócratas y estados mayores
desde Montevideo fue a buscarlos la abuela
y es posible que todo vuelva a su cauce

pero ni colorín ni colorado
el cuento no se ha acabado

Valparaíso de terremotos y escaleras
donde cada escalón es una casa en ascuas
Valparaíso de marineros y mercados
y costas de agua helada y transparente
había acogido a Anatole y Eva Lucía
cuando en diciembre del setenta y seis
aparecieron en la plaza O´Higgins
a la deriva y tomados de la mano

Valparaíso de acordeones y tabernas
y olor inconfundible a sal y muelles
con un mar que complica los adioses
pero se encrespa con las bienvenidas
la ciudad de las proas les dio pan y cobijo
y también una esponja con la ardua misión
de borrar los poquísimos recuerdos

pero ni colorín ni colorado
el cuento no se ha acabado

Anatole sí recuerda a la madre caída
no ha olvidado aquella sangre única
ni al padre escondiéndolos en la bañera
para salvarlos del oprobio y los tiros

pero ni colorín ni colorado
el cuento no se ha acabado

lo cierto es que Montevideo y Valparaíso
tienen más de un atributo en común
digamos la bruma y la nostalgia de los puertos
y esta oscura piedad en homenaje
al pobre año internacional del niño
que dentro de unos meses se termina

así pues no sería de extrañar
que antes de que culminen las celebraciones
y a fin de que la lástima sea simétrica
aparecieran en la plaza Zabala
o en villa dolores o en el prado
dos pequeños chilenos desgajados del mundo
y por fotógrafos, embajadas, arzobispos
comprobadas las identidades y obtenido
el aval de burócratas y estados mayores
viniera a recogerlos algún abuelo
a fin de reintegrarlos a su Valparaíso
que seguramente los habría de esperar
sin primavera sin canciones sin padres

pero ni colorín ni colorado
el cuento no se ha acabado.


miércoles, 21 de agosto de 2013

CARTA ABIERTA: Juan Emilio Cheyre, ex Comandante en jefe del Ejército Juan Miguel Fuente-Alba, Comandante en jefe del Ejército


Señores
Juan Emilio Cheyre, ex Comandante en jefe del Ejército
Juan Miguel  Fuente-Alba, Comandante en jefe del Ejército
Presentes
 
Con motivodel impacto público, por los detalles del conocimiento del caso de Ernesto Ledjerman Avalos, ciudadano argentino, que cuando tenía 2 años,fue testigo del asesinato de sus padres a manos de militares, en la quebrada del Valle del Elqui, cerca de la frontera con Argentina, y entregado posteriormente a un convento de monjas  en 1973, por el entonces Teniente Juan Emilio Cheyre, para su custodia; es que vengo a requerir la entrega de información veraz y/o iniciativas institucionales que colaboren en la dirección de casos de igual dramatismo que él ha señalado, y que aún, luego de 40 años, siguen sin ser esclarecidos, prolongando una perversa agonía a sus familiares y a nuestro país
 
Existen acreditadas por organismo pertinentes, 9 casos de mujeres detenidas-desaparecidas, que al momento de su detención se encontraban en estado de embarazo.
 
Se desconoce con exactitud hasta el día de hoy, que sucedió con aquellas criaturas en gestación, básicamente si lograron sobrevivir o no al cautiverio y torturas de sus madres.
 
Los nombres de ellas, y el año de su secuestro, son los siguientes:
 
JACQUELINE DROUILLY YANICK. 1974
CECILIA BOJANIC ABAD.1974
MARIA LABRIN LASO. 1974
GLORIA LAGOS NILSSON. 1974
MICHELLE PEÑA HERREROS. 1975
ELIZABETH REKAS URRA. 1976
NALVIA MENA ALVARADO. 1976
REINALDA PEREIRA PLAZA. 1976
GLORIA DELARD CABEZAS. 1977
Existe la esperanza de que al menos algunos de ellos, lo hayan podido lograr, y que al igual que con Ernesto Ledjerman Avalos, hayan sido entregados a la custodia de terceros, tal como ya está acreditado largamente en el caso de la dictadura argentina
  
Por todo lo anterior, es que vengo a solicitar lo siguiente:
Que el ex Comandante en Jefe, Sr. Juan Emilio Cheyre, pueda informar si conocey tiene más antecedentes de otros casos, como el de Ernesto Ledjerman Avalos, es decir de niños, niñas o bebés, entregados en custodia a terceros naturales o institucionales.
La consideración de una actitud de humanidad no se condice solamente con la entrega de inocentes, en este caso niños o bebes, al resguardo y custodia de terceros. Más aún si esto implica, cubrir la verdad, encubrir a los responsables y desterrar a niños de la propia familia.
Al actual, Comandante en Jefe, Sr. Juan Miguel Fuente-Alba, le solicito que pueda abrir un periodo de investigación, acerca de la eventual entrega de niños o recién nacidos, en adopción o, cualquier forma de custodia.

De esta forma, dar algo de paz, a los familiares y su incansable lucha y también tranquilidad a las instituciones para que el pasado no emerja, cada cierto tiempo a borbotones. Los pasos que no damos suelen ser los que más nos cansan, volviendo sorprendidos sobre nuestros pasos olvidados.

Necesitamos como país las verdades que aún se esconden.Sobre hechos y situaciones materiales, que ninguna interpretación podrá resarcir. La memoria no guarda películas sino fotografías.

A 40 años del quiebre de nuestra democracia, es el único camino para ir cerrando heridas. Sino, tendremos que convivir por muchas generaciones, con el eterno retornode lo reprimido, que volverá una y otra vez a emerger, preguntándonos incesantemente: ¿Dónde está tu hermano?
 
Carola Rivero Canales
Vice Presidenta de la Mujer Partido Socialista de Chile

martes, 20 de agosto de 2013

El legado democrático de Salvador Allende

FERNANDO DE LA CUADRA*

El próximo 4 de septiembre se conmemoran 43 años desde que el candidato socialista, Dr. Salvador Allende venciera las elecciones presidenciales liderando una coalición de fuerzas de izquierda y centro izquierda denominada Unidad Popular. El triunfo de Allende fue apretado – obtuvo solamente 36,2% de los votos válidos – y representó la cuarta tentativa de elegirse presidente. Allende venció las elecciones con un programa de gobierno que incluía transformaciones importantes en la estructura económica, política y social en un marco de respeto a las instituciones democráticas vigentes en el país, sin apelar al de la violencia revolucionaria (vía armada) y sin rupturas dramáticas de la convivencia nacional. Este proyecto de transformación de la sociedad por un camino legal-institucional y democrático llegó a ser conocido como la “vía chilena al socialismo.”

La ratificación de Allende como presidente en el Congreso Nacional tampoco estuvo libre de conflictos y tensiones. Pocos días antes de la votación en el parlamento, el Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider, fue asesinado por un grupo de civiles y ex-militares de ultra-derecha, como una forma de presionar a los sectores de la Democracia Cristiana para dar su apoyo al candidato que consiguió la segunda mayoría, Jorge Alessandri, representante de la derecha tradicional y que había obtenido el 34,9% de los votos válidos.

El proceso de cambios emprendido por Allende y los partidos de la Unidad Popular fue, como es ampliamente conocido, interrumpido abrupta y dramáticamente después de casi 1000 días de gobierno, en el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Por lo tanto, ya se cumplirán cuatro décadas de esa cruenta jornada. Cuando afirmamos que esa jornada fue cruenta, no estamos construyendo una entelequia, pues durante el mismo día del Golpe, varios partidarios del gobierno que defendían el Palacio presidencial La Moneda murieron en combate y el propio presidente Allende inmoló su vida cuando las fuerzas militares irrumpieron en su despacho. La represión y el revanchismo sangriento desatado después de ese día fueron de una ferocidad inusitada en la historia política chilena y dejó una secuela de ejecutados, detenidos desaparecidos, torturados, prisioneros en campos de concentración, exilados y desterrados que aún hoy ronda como una sombra tenebrosa sobre la memoria de miles de chilenos.1 Y no solamente eso, el propio proyecto socialista iniciado por el gobierno da Unidad Popular es un tema que hasta ahora divide a gran parte del país, principalmente de aquellos que vivieron esa experiencia pionera.

La historiografía se interroga hasta nuestros días con respecto a las condiciones que hubieran hecho posible -o no- la continuidad del gobierno popular. Una tesis postula que dicha permanencia se consolidaba a través de una gran coalición entre la izquierda y los sectores progresistas del centro, conformando aquello que precisamente a partir de la tragedia chilena, Enrico Berlinguer llegó a teorizar como el “bloque histórico”. Es decir, la construcción de una amplia alianza entre el conjunto de fuerzas que impulsan las transformaciones necesarias para obtener una mayor justicia social. Este pacto se produciría por medio de un compromiso histórico, en el cual se preparase el tejido unitario de la “gran mayoría do pueblo en torno a un programa de lucha por el saneamiento y la renovación democrática de toda la sociedad y el Estado.” 2

Al contrario de una aquiescencia sobre esta perspectiva, la implantación de la “vía chilena” fue siendo diseñada y alimentada por diversas lecturas con relación al curso que debía tomar la revolución chilena, un camino que era inédito, con características nacionales y tal como decía el propio Allende, tenía que ser una revolución “con sabor a empanada y vino tinto”. Entretanto, existía una contradicción fundamental entre las fuerzas políticas que le daban sustento al proyecto de la Unidad Popular. El principal embate entre estas concepciones polares se encontraba entre aquellos sectores que tenían una plataforma de inspiración republicana del proceso de transformaciones, subordinando a un segundo plano el ideario revolucionario marxista-leninista. Estos segmentos consideraban que era necesario mantener las garantías democráticas y respetar las instituciones de la república, negociando y ejecutando paulatinamente las primeras 40 medidas y otras mudanzas que constaban en el programa de la coalición de izquierda.

Entre estas acciones, la mayoría moderadas, destacaban la entrega de medio litro de leche diario para todas los niños; la instalación de consultorios materno-infantiles en todos los barrios; medicina gratuita en los hospitales públicos con entrega gratuita de medicamentos; supresión de los altos salarios de los funcionarios de confianza; una profundización y aceleración de la Reforma Agraria; becas para os estudiantes de la enseñanza básica, media y universitaria; creación de un sistema previsional universal solidario con fondos estatales; creación del Ministerio de protección de la familia. La nacionalización del cobre y de otros minerales no figuraba entre estas primeras 40 medidas, a pesar de que ya existía un amplio consenso sobre su imperiosa necesidad para aumentar los recursos fiscales destinados a financiar la política social del Estado. Como siempre afirmaba el mismo Allende, el cobre era “el salario de Chile”.

Allende era un buen negociador y consiguió al inicio de su gobierno contar con el apoyo del principal partido de centro, la Democracia Cristiana, con la cual había pactado un “Estatuto de Garantías Constitucionales”, en donde el gobierno se comprometía a realizar las transformaciones anunciadas dentro del total respeto à Constitución y a las instituciones democráticas. Por lo mismo, los partidarios del gobierno insistían en caracterizar la vía chilena como un “proceso” de reformas graduales que arribarían finalmente al socialismo a través de una senda democrática. Para eso, era fundamental planificar correctamente la aplicación de cada medida del programa, lo que requería de equipos muy competentes y preparados técnicamente para efectuar esas funciones.

En el cronograma de gobierno la expropiación de las industrias, fábricas y de las haciendas improductivas con una superficie superior a 80 Hectáreas de Riego Básico (HRB)3, tenía que ser realizada de forma gradual, controlada y planificada, bajo el supuesto de que la incorporación de tales empresas al área de propiedad social solamente debería ser puesta en práctica después que la adquisición y expropiación de los bancos y de las empresas de capital extranjero ya estuviesen concluidas, “para de esa forma dividir, aislar y neutralizar a los sectores más privilegiados de la burguesía nacional durante la transición para el socialismo.” La reforma agraria que fue planificada desde la Corporación de la Reforma Agraria (CORA) tuvo que dar cuenta de las presiones de los sindicatos de trabajadores rurales e “inquilinos’ y experimentó una aceleración de tal magnitud en el proceso expropiatorio que ya a mediados de 1972 se encontraba prácticamente concluida.4 O sea, muchos procesos adquirieron un ritmo que contradecía la idea que sustentaba Allende, para quien “los procesos revolucionarios exitosos transcurrían bajo una dirección férrea, consciente, no dejados al azar. Las masas no podían exceder a los dirigentes, porque estos tenían la obligación de dirigir y de no se dejar dirigir por las masas.”5

Por otro lado, se situaban aquellos sectores que visualizaban con pesimismo la realización de las transformaciones socialistas en el marco de la “institucionalidad burguesa” y reprochaban el modelo instaurado como siendo el de una revolución burocrática, “desde arriba”, sin poder popular real. Para estos grupos y movimientos, lo fundamental era avanzar sin negociar con las entidades representativas de la clase dominante- enquistadas en el parlamento, en el poder judicial, en las empresas y en los gremios profesionales-, para formas concretas de propiedad social radicalizando y acelerando la expropiación de industrias, haciendas y otras formas de propiedad privada existentes en el país. Al contrario de lo que pretendía Allende y su gobierno, lo que se observaba en el fragor de la lucha cotidiana por el socialismo, era que las directrices del gobierno y la intención de conducir los cambios en forma paulatina y progresiva fueron totalmente sobrepasados por la acción directa de los trabajadores más radicalizados y sus sindicatos, de los campesinos y obreros rurales, de los estudiantes, de los pobladores, de los pueblos originarios.

Cuestionando frontalmente el apelo de Allende -y de un sector de sus seguidores- a los principios democráticos, esta vertiente revolucionaria postulaba que la democracia poseía un valor estrictamente táctico, instrumental, solo era la base necesaria para instaurar la lucha por el socialismo. Segundo tal visión la democracia política a pesar de ser útil a la causa de las masas populares, no sería más útil como forma de organización social, debido a su propia naturaleza de clase, como modalidad de dominación de la burguesía para continuar obteniendo las granjerías y privilegios generados por la explotación capitalista. Esta perspectiva enfatizaba el protagonismo popular y la inevitabilidad del enfrentamiento con las fuerzas reaccionarias, razón por la cual las fricciones con los sectores “contra-revolucionarios” eran imprescindibles para permitir que Chile enrumbara consistentemente hacia el socialismo: la revolución tenía que ser realizada por el pueblo, “desde abajo”.

En la tercera parte de la trilogía “La batalla de Chile” realizada por el documentalista Patricio Guzmán – y que se llama justamente El Poder Popular- existe una escena emblemática en que se aprecia a un funcionario del gobierno intentando dar explicaciones en una reunión con dirigentes y operarios de un “cordón industrial”6, respecto de la necesidad de realizar las reformas acatando los convenios internacionales suscritos por el gobierno, desacelerando de esa manera el ritmo de las transformaciones emprendidas por las autoridades. Frente a esa explicación del representante oficial, un dirigente le responde: “En este momento estamos cuestionado la institucionalidad y legitimidad del gobierno, ahora estamos entrando en una etapa de toma del poder por parte de las clases trabajadoras, porque el poder legal ha sido superado y debemos luchar hasta aplastar a la clase enemiga, la clase de los explotadores.”

La naturaleza y convicción de este discurso revelan el grado de consciencia a que habían llegado los sectores más radicalizados con respecto a lo inevitable del enfrentamiento con las fuerzas contrarias al proyecto Allendista. Sin embargo, esta consciencia no tenía ninguna correlación con una política efectiva de defensa ante la inminencia de un golpe de Estado y hoy sabemos perfectamente como las fuerzas de apoyo al gobierno fueron pulverizadas desde el mismo día 11 de septiembre. Lo que se siguió a esa jornada fue un genocidio sin precedentes en la historia política chilena.

La experiencia chilena ha continuado durante muchos años suscitando innumerables debates sobre cuáles eran probablemente los caminos más pertinentes para conquistar el socialismo en Chile. Con la derrota del gobierno popular por medio de un golpe, la tesis de que Allende fue sumamente ingenuo al confiar en los militares ganó mucho aliento y fue predominante entre gran parte de la izquierda. Esta interpretación fortaleció la idea de que el gobierno tenía que armar al conjunto de la población para resistir a la agresión militar. No obstante, con el decurso del tiempo fue ganando una posición destacada aquella interpretación que insistía en la importancia de la conformación de un bloque o alianza histórica entre todos los sectores políticos empeñados en realizar cambios en las estructuras económicas, políticas y sociales imperantes en el país, utilizando para ello los instrumentos y las medidas que eran permitidos en el marco de una convivencia democrática.

Aún más, el proyecto de Allende y la vía chilena era una experiencia pionera, inédita, no existía ningún modelo histórico que podía dar indicios del camino a ser recorrido en una transición pacífica, institucional y democrática para el socialismo. El sistema presidencialista imperante en Chile le permitía a Allende poseer un cierto grado de libertad para comandar el proceso de transformaciones estructurales, entretanto, durante el transcurso del mismo fue quedando cada vez más evidente, que tanto en la división interna de la coalición gobernante como en las vehementes e intransigentes fuerzas contrarias a tales mudanzas, el programa de la Unidad Popular comenzó a descomponerse y el Executivo solamente consiguió administrar una crisis que aumentaba diariamente.

No obstante ello, en todos los conflictos suscitados durante su gobierno Allende intentó permanentemente encontrar las salidas y los acuerdos que le permitiesen seguir impulsando su programa sobre bases democráticas, y de esta forma, interpelar a todos los sectores en la manutención del dialogo y evitar los enfrentamientos, que finalmente pudieran determinar el fin de la vida republicana. El día del golpe, “colocado en un tránsito histórico”, Allende fue convidado para unirse a las fuerzas que resistían la embestida golpista en uno de los cordones industriales de Santiago. El presidente electo, coherente con su trayectoria democrática declinó el ofrecimiento y decidió morir en el Palacio de La Moneda, tal como lo había prometido en sus diversos mensajes y discursos al pueblo chileno:

“Yo les digo a ustedes, compañeros, compañeras de tantos años, se los digo con calma, con absoluta tranquilidad: yo no tengo pasta de apóstol ni tengo pasta de mesías, no tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer a la voluntad mayoritaria de Chile: sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás y que lo sepan, dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera (...) no tengo otra alternativa, solo acribillándome a balazos podrán impedir mi voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo.”7

Independiente del dramatismo de las circunstancias en las cuales fue derrocado el gobierno de Allende, su gesto de morir en el Palacio presidencial, remarca su férrea convicción de concluir el mandato para el que fue electo, en el lugar que simbolizaba el centro do poder político, en el local que representaba la síntesis de los valores democráticos y republicanos abrigados durante tantos años en la historia política chilena. Allende tenía claro que su mandato concluía en noviembre de 1976 y aún cuando seis años de gobierno parecían pocos para la magnitud de la obra a ser construida, el presidente confiaba en el entusiasmo de un conjunto de fuerzas progresistas que se inclinaban por apoyar dichas transformaciones. En ese sentido, el proyecto de mudanzas que Allende anhelaba para el país no era una utopía surgida de una mente alucinada, sino por el contrario, se sustentaba en una lectura consciente de la realidad, en la certeza de que era posible utilizar las instituciones y las leyes del país para alcanzar el conjunto de medidas incluidas en su programa de gobierno, entre ellas la reforma agraria, la nacionalización de los recursos naturales y la estatización de la banca y el sistema financiero.

Trágicamente, el proyecto allendista no logró ser comprendido cabalmente por los mismos partidos que formaban la Unidad Popular y la “soledad intelectual” de Allende fue siendo cada vez más patente en un escenario donde la polarización de la sociedad era vertiginosa y su resultado funesto se anunciaba como el epilogo inevitable de un país dividido por el odio y la intolerancia. Este será en parte el drama de la experiencia chilena, el distanciamiento in crescendo entre las visiones y las estrategias políticas contrapuestas, en que la capacidad de Allende para arbitrar estas disputas iba disminuyendo progresivamente, quedando paulatinamente más aislado en su ideario de construir un socialismo por vía democrática.

Hoy, cuando se conmemoran 40 años del fin de esa experiencia original y abortada en la ferocidad de las armas y el crimen, el pensamiento de Allende y su camino al socialismo emergen como un gran legado para las futuras generaciones. Ello significa pensar que socialismo y democracia no solamente son posibles y deseables, sino que además ambas dimensiones son esencialmente imprescindibles. Y no lo es en un sentido meramente teórico, lo es sobre todo en una praxis política de un modo dialécticamente nuevo de concebir esa relación. Tal como ha sido revelado en la feliz síntesis de Carlos Nelson Coutinho: “Sin democracia no hay socialismo y sin socialismo no hay democracia”.

* Doctor en Ciencias Sociales. Miembro de la Red Universitaria de Investigadores sobre América Latina (RUPAL). E-mail: fmdelacuadra@gmail.com

1[1] Para no olvidar estos trágicos acontecimientos, actualmente un importante acervo de documentos, testimonios e informes de ese período tenebroso se encuentra expuesto en el Museo da Memoria y los Derechos Humanos, inaugurado por la presidenta Michelle Bachelet en enero de 2010, poco antes de concluir su mandato.

2[1] Enrico Berlinguer, Democracia, Valor Universal. Marco Mondaini: selección, traducción, introducción y notas, Brasilia/Rio de Janeiro: Fundación Astrojildo Pereira/Editora Contraponto, 2009, p. 82.
  
3[1] HRB representaba una medida de superficie que combinaba aspectos de productividad de la tierra (calidad y tipo de suelo), área geográfica, proximidad a carreteras y facilidad de acceso a los mercados. Durante la Reforma Agraria una HRB consistía en una hectárea de tierra bajo riego con un suelo clase I, localizada en el Valle del Maipo (región central) y próximo de la Carretera Panamericana (principal vía y columna vertebral del país).
  
4[1] Efectivamente, a esa fecha más del 70% de las expropiaciones programadas por el gobierno ya se habían realizado, siendo que el propio presidente Allende pensaba en concluir dicho proceso solamente al final de su mandato de seis anos.
  
5[1] Peter Winn, A Revolución Chilena; traducción de Magda Lopes, São Paulo: Editora UNESP, 2010, p 102.
  
6[1] Los “cordones industriales” eran agrupaciones de industrias y fabricas que coordinaban tareas de producción de una misma región o zona. Representaron junto con los Comandos Comunales, los Comités de Vigilancia y las Juntas de Abastecimiento Popular (JAP) los fundamentos del poder popular durante ese período.
  
7[1] Frida Modak (coord.), Salvador Allende: pensamiento y acción, FLACSO-Brasil/CLACSO, Buenos Aires: Ediciones Lumen, 2008, pp. 83-84.



Isabel Allende y Carlos Larraín confrontan visiones a 40 años del golpe de 1973

Senadora PS cree que aniversario marcará campaña presidencial, mientras que el presidente de RN hace una dura autocrítica sobre el rol de la derecha.
por Emmanuel Ganora y Alberto Labra - 16/08/2013 - 07:35 – Diario La Tercera
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Isabel Allende, Senadora PS: “Inevitablemente va a estar presente en la campaña”
En el último consejo general de RN, Carlos Larraín responsabilizó a la izquierda del golpe de Estado de 1973 y agregó que, a 40 años del quiebre, “le van a sacar un tranco”.
Es un típico cinismo justificar un golpe. Nos acusan de sacarle partido cuando todo país tiene derecho a tener memoria. Para muchos de nosotros estos 40 años es el recuerdo de algo que nunca debió haber ocurrido en Chile, como lo fue un golpe militar. Ojalá los Carlos Larraín tengan un poco más de conciencia y pudieran sentir algo de remordimiento acerca de adónde condujeron al país con una dictadura que duró 17 años.
¿Es posible un clima de reconciliación considerando a sectores que piensan como Carlos Larraín?
Aquí hay un tema donde nunca nos vamos a encontrar, con gente que tiene esta forma particular de mirar las cosas y que cree que ellos no tienen ninguna responsabilidad. La verdad es que así no hay ninguna posibilidad de encuentro. Lo que sí en su pequeñez no logra imaginarse, es que en muchas partes del mundo ya comenzaron las actividades de conmemoración de los 40 años del golpe.
¿Por qué se dificulta el reencuentro, a pesar de haber pasado cuatro décadas desde el golpe de 1973?
¿Cómo me podría encontrar yo con declaraciones de ese tipo? No tengo ningún punto en común, simplemente no lo hay. Nosotros pudimos haber cometido errores, pero eso no justifica la brutalidad y violencia de la dictadura. Sin embargo, cuando uno se encuentra con declaraciones de este tipo, donde se responsabiliza a la izquierda, no hay punto de encuentro posible. El único compromiso es decir que nunca más se puede romper el orden constitucional. Sólo así me puedo acercar o tener punto de encuentro.
A través de los años se ha hablado de que la derecha pida perdón por haber participado del régimen militar...
Por supuesto que ayudaría a que la derecha tuviera esa capacidad de pedir perdón, pero yo no se la he visto nunca. Han sido excepcionales las declaraciones en que han reconocido que pudieron haber intervenido, que las violaciones a los derechos humanos se cometieron y ellos no hicieron nada. El ministro Chadwick ha dicho que pudo haber hecho más, pero son casos muy aislados. Pero mientras se siga mirando la paja en el ojo ajeno y no se mira la viga en el propio, no hay punto en común.
¿Teme que los 40 años del golpe se transformen en un tema de campaña?
Inevitablemente, el golpe va a estar presente, porque aquellos que han pretendido artificialmente homologar la figura de Bachelet y Matthei, es que no tienen ninguna capacidad de entender que, más allá de ser dos mujeres candidatas y que ambas son hijas de ex generales de la Fuerza Aérea, las diferencias son totales.
¿Es la pretensión de cambios profundos de la candidatura de Bachelet que a ciertos sectores recuerden a la Unidad Popular?
Nuevamente otra falsedad de Carlos Larraín y de aquellos que pretendan asimilar a lo que fue la UP, porque no tiene nada que ver. Es una forma absolutamente grosera para seguir hablando de lo mismo y, así, asustar a la gente.
Carlos Larraín, Presidente de RN: “La derecha actual no está centrada en el pinochetismo”
En su discurso ante el consejo general usted atribuyó responsabilidad a la izquierda en el golpe militar. ¿Por qué eligió ese momento para hablar?
Me referí a eso porque hay anuncios de que este aniversario va a ser relevante en la elección presidencial. Esta es una materia en la cual en la izquierda saben sacarle mucho partido, porque la historia ha sido parcelada y deformada.
Pero en los últimos años ha habido dos gobiernos del PS donde han mostrado gobernabilidad.
Bueno, esa es la cosa. Pudiendo mostrar cosas buenas, se aferran a una época en que ellos salen muy mal parados ante los ojos de cualquier observador.
¿Y la derecha no debe hacer mea culpa también?
La derecha -entre ellos, yo mismo- tiene el mea culpa de que confió en el gobierno militar mucho más allá de la época en que la emergencia era real. No incorporamos los resguardos elementales -sobre todo, de personas con formación de abogado, como yo- de haber entendido que un régimen de excepciones tiene que ser puesto doblemente bajo vigilancia en materia de respeto a los derechos de la persona. Yo no supe cómo operaba el gobierno militar, no formé parte de él en ningún nivel, pero había, efectivamente, muchas acusaciones. Desgraciadamente, esas acusaciones venían de sectores que no eran dignos de crédito, con la excepción de los que venían de la Iglesia Católica y la DC.
¿Es creíble que no se supiera lo que pasaba?
Estas cuestiones siniestras ocurren en niveles muy oscuros. Que la policía secreta tomara una autonomía perniciosa no dependía de quién fuera, qué sé yo, ministro de Hacienda, no tenían por qué saberlo, pero claro, cuando se repetían las noticias y llegaban más y más denuncias, nosotros en la derecha debimos haber sido más accesibles a eso, y no lo fuimos, por las razones que ya di.
¿Cree que ahora hay una derecha acomplejada, al punto de reconocer los que colaboraron o no, los que apoyaron a Pinochet?
Por supuesto, eso es así, porque la izquierda ha logrado ponerse el traje de la víctima y siempre la víctima tiene superioridad moral sobre el que es sindicado como victimario.
¿Esta es una derecha pinochetista?
No, yo creo que hay una derecha pinochetista, por supuesto, pero lo que más hay es una derecha agradecida, porque le salvaron el pellejo, porque reconstruyeron el país, porque terminaron con la posibilidad de instalar un régimen marxista en Chile. Ese es el fondo del agradecimiento.
¿La derecha de hoy es pinochetista?
No, la derecha de hoy día tiene esa reliquia de agradecimiento, pero la derecha a la que yo trato de animar no está centrada para nada en el pinochetismo, es una respuesta que viene desde la raíz republicana de la derecha chilena, cosa que también a veces desde la izquierda reconocen.
Pero siguen reconociendo logros de ese régimen.
Pero no se puede decir que el tema central de la derecha chilena sea el pinochetismo, ¿de dónde? El tema central es cómo hacer que el país funcione mejor y que haya menos pobres, mejores niveles de educación, más respeto por las libertades individuales.